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El Púgil
Se renueva todos los martes |
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CRÍTICA AL PREÁMBULO DEL ESTATUTO CATALÁN |
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José María Rodríguez Vega 11 Octubre 2005
Publicado originalmente en El Catoblepas
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El 30 de septiembre de 2005 el Parlamento autonómico catalán aprobó un proyecto de Estatuto que para entrar en vigor debe ser aprobado por las Cortes de España, depositarias de la soberanía de la Nación española
l aburrido locupletes ecléctico y delgado filósofo Rubert de Ventós ha elaborado el borrador del nuevo estatuto catalán a partir de las enmiendas de PSC, ERC e ICV. Este estatuto es enterito una componenda explosiva de descerebramiento y de irresponsabilidad política que sólo puede darse aquí por la anormalidad democrática entroncada en y con el neoliberalismo y la neofeudalización polanquista y sus connotaciones más fascistas. Esto es posible, no sólo por estar todo barnizado con la ideología de «la izquierda» más divagante, sino porque este proceso se da en el entorno de un resultado sociológico y político a raíz del macabro 11M y del cual podemos deducir cuando menos, que ni la conjuración de Catilina tiene nada que enseñar a estos catilinos. El romano Lucio Sergio Catilina comparado con el Sr. Rubalcaba y el Sr. Maragall y cía fue un inocente aprendiz. Cataluña no es Catilina, ya que lo de Cataluña es como irónica conjuración una verdadera chapuza. En síntesis, la clase política española, y muy en concreto la catalana, se caracteriza por su amor a la tiranía, cosa que ha demostrado el Sr. José Huget (de la ERC aliada en el tripartito de los socialistas del PSC), el cual ha venido a decir que si no se aprueba este engendro contra la patria española, la guerra civil estará servida: los armonistas de la Pau Universal se acogen muy gustosamente al aquila de la guerra, al numen legionis con su haz de rayos en las garras, simile el yugo y las flechas del denostado franquismo.
El preámbulo y los contenidos de este diferencial Estatut, el preámbulo por este amor verdadero por la tiranía{1}, de este senatusconsultum ultimum, está enmascarado por la concordia ordinum propia de toda política bajo la ideología del armonismo político{2}, esto es, por la ideología del Uno único o de una humanidad substancializada como el acabóse de la felicidad y el fin de toda oposición o conflicto en este perro mundo{3}. Es lo que vende y gusta a la acomodaticia plebe, lo que gusta a todo aquél dominado por la ideología del entrañable y kantiano majorennes.
Este inalienable Nou Estatut lo podemos leer fácilmente en internet, y abajo transcribimos su Preámbulo en lengua catalana y en lengua española.
1
En el primer párrafo ya se nos habla de la «nación» como de un algo formado «...con las aportaciones de energías de muchas generaciones, de muchas tradiciones y culturas que han encontrado en ella una tierra de acogida. Cataluña ha ido definiendo una lengua y una cultura, modelando un paisaje, acogiendo también otras lenguas y otras manifestaciones culturales, abriéndose siempre al intercambio generoso...» Por tanto, se nos empieza inmediatamente a tomar el pelo al partir del supuesto de que la «Nación» política se forma a partir de sus meras acepciones étnico-culturales, raza y folklore en el Foro de las Culturas!{4}, revestidas con la estupidez esa de «las energías»... y con el candor armonista de «una tierra de acogida» y el «intercambio generoso», además de la pincelada armoniosa y sensible de la «modulación del paisaje». Se silencia así lo esencial de la conformación de toda verdadera Nación política, se silencia lo político... el poder político que, muchas veces, para nada necesita esencialmente ni de la tierra, como ocurre con el Estado Vaticano que necesita bien poca, por ejemplo, y que, desde luego, en el caso de Cataluña, como entidad política menor dentro de España, ha sido conformada por esta nación española como anterior que es a su parte catalana como Comunidad Autónoma y como territorio que verdaderamente ha «modelado» el paisaje político de España, sin que nos importe aquí una higa el asunto «paisajístico» o la belleza de la Garrotxa y el paisanaje catalán.
Este grotesco y catilino preámbulo acaba su primer párrafo diciéndonos que la supuesta nación catalana ha ido «construyendo un sistema de derechos y libertades, dotándose de leyes propias y desarrollando un marco de convivencia solidario que aspira a la justicia social.» Más de lo mismo: se olvida exprofeso en esta chapuza del tripartito catalán a la nación española como el origen del poder que cede alguna parte de su potestad administrativa, interior, a un gobierno delegado por ella y dentro de su territorio. Como ya traté de explicar anteriormente{5}, ese «sistema de derechos y libertades» depende del derecho originario del Estado español y de su Constitución. Dicho en plata: Cataluña nunca se ha podido ir dotando de «leyes propias», pues siempre esas sus leyes estuvieron sometidas al superior derecho de la Constitución española y de la Monarquía hispánica o al de la Corona de Aragón, que es de donde brotaron: las leyes catalanas son leyes españolas.
En esta asamblea de pseudo-optimates y fuera de ella «hay algunos que no ven lo que se nos viene encima o disimula lo que ven. La catilinaria artera alimenta las ilusiones con sus juicios condescendientes y con su incredibilidad tratan de dar fuerzas a la conjuración incipiente»{6}. Luego como no, lo doran todo con aquello en lo que menos piensan y creen: ese «marco armónico» que «aspira a la justicia social», lo que entraña la posibilidad de entender que el marco de la actual Constitución española no aspira él a la justicia social o es insuficiente para su logro... Y esto lo dicen estos catilinos acostumbrados al 3% multiplicado por siete, corrupción tan callada y de la cual se cuidan mucho de no usar el verba facere, sino el mutis silencioso de toda prudencia tiránica ante el monte Carmelo.
La justicia social como palabro es el marco armónico bajo el cual se escatima el necesario buen gobierno, la eutaxia.
«El presente Estatut sigue la tradición de las Constituciones y otros derechos de Cataluña, que históricamente habían significado la articulación pactada de los derechos y los deberes de los catalanes.»
La confusión es cosa propia de toda tragicómica conjuración catilinaria. ¿Qué tradición puede ser esa y cuales derechos son esos? Indudablemente se refieren estos ultraparticularistas catilinos a la tradición de las diversas constituciones españolas y al derecho emanado de ellas. El hecho indudable de que haya sido esa «articulación pactada», demuestra la total dependencia jurídica respecto de España, pues quien es verdaderamente soberano no necesita de pacto alguno para serlo al radicar su derecho en sí mismo. Ese párrafo estaría perfectamente redactado y adecuado a la verdad si estuviese escrito así: «El presente Estatut sigue la tradición de las Constituciones y otros derechos de España, que históricamente habían significado la articulación pactada de los derechos y los deberes de los catalanes...»
2
«Hay que dar muchas gracias a los dioses inmortales y también a Júpiter Stator, antiquísimo guardián de esta ciudad, por haber escapado ya tantas veces a esta calamidad tan repugnante, tan horrible y tan perjudicial para la república. No se debe consentir que una caterva de catilinarios ponga en peligro más veces la suprema seguridad de la república.»{7}
La conjuración en ciernes dice:
«Desde 1714, diferentes han sido los intentos de recuperación de nuestras instituciones de autogobierno. En este itinerario histórico constituyen citas destacadas, entre otras, la Mancomunidad de 1914 y la reinstauración de la Generalitat y del Estatut de 1932 y del de 1979, en el cual se establecía que Cataluña quería ejercer, entonces como ahora, su derecho inalienable al autogobierno.
Es en este sentido que el Estatut es depositario de una Memoria y guarda el recuerdo de todos los que han luchado, así como de aquellos que fueron exiliados o incluso murieron por el reconocimiento de los derechos nacionales de Cataluña y los derechos sociales de los catalanes.»
...Su derecho al autogobierno autonómico, debería decir... Que no responde a la verdadera inmanencia del verdadero poder político de la única y verdadera Nación española. También podríamos adentrarnos en esa metafísica aureolada de los «derechos inalienables», pues que la esencia de todo derecho es precisamente su alineación, su sometimiento a un poder mayor. Cuando se nos habla de «derechos inalienables» lo que se hace es tomarnos el pelo al reducirlo todo a lo judicial y jurídico, como si el Estado no fuera antes un poder en acto y de hecho, que derecho a ejercer ese poder{8}.
El Consell Consultiu (un órgano de la autonomía catalinaria pero que no es decisivo jurídicamente en nada relativo al conjunto de España) ya se pronunció sobre los puntos inconstitucionales de este nou estatut y no vamos a profundizar ahora en ello. Bástenos decir que lo de los derechos históricos es otro mito más del elenco del victimismo catilinario. Así nada tiene de extraño que esta Cataluña hipostasiada sea una cosa hecha sólo por los «buenos», por los traidorcetes de siempre. Hace muy bien el PP de marginarse de este bodrio y votar en contra.
Derecho significa que cualquier derecho es alienable por un poder o por un mayor derecho derivado de ese poder. Los catilinarios se guardarán mucho de hablar tan claro al pueblo, pues si bien esta conjuración puede y pretende fundar un nuevo derecho al transgredir el derecho español vigente, esto demostraría que ni hay derechos inalienables, ni la loca posibilidad guerracivilista del aprendiz de terrorista el Sr. Huget sea cosa del PP o de las Cortes generales de España o de «Madrid», sino de estos particularistas bien conjurados del tripartito que se llenan la boca con armonismos dorados del tipo de «la justicia social» y &c. «...De todos los que han luchado, así como de aquellos que fueron exiliados o incluso murieron.» Memoria histérica, unilateral, excluyente, guerracivilista y metida en el tuétano del hondón del rencor de hechos que a nadie hoy interesan. Ya Pío Moa ha dado buena cuenta de toda esa morralla de «buenos y malos». El relato histórico de unos, de los perdedores, el cuento chino contado metido en la tradición de las constituciones catilinarias. ¡Qué vergüenza!
«Pero tanto o más que la Memoria, mueve este Estatut la aspiración, el proyecto y el sueño de una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos a la libre y plena interdependencia que una nación necesita hoy.»
¿Eso lo ha redactado ese locupletes de Rubert de Ventós? ¿Eso del «sueño» es cosa suya? «¿Hasta cuando vais a estar abusando catilinos de nuestra paciencia? ¿Por cuánto tiempo esa locura vuestra seguirá burlándose de nosotros? ¿A qué extremos os lanzará vuestra audacia desenfrenada?»{9}
Si se desea una Cataluña sin ningún tipo de obstáculos, como se dice, no se comprende como pueden hablar luego de una «libre interdependencia». Toda interdependencia es ya en sí misma un puro obstáculo. Quieren decir libre del derecho vigente, libre de España como obstáculo, como supuesta rémora a las aspiraciones de la corrupción catilinaria y particularista, libres acaso para afianzarse más aún a la Francia y a la Alemania y al moro. Nada más. La libertad de una parte de una Nación sin ningún tipo de obstáculos sólo significa sobre el papel, más adelante veremos por qué pura y lisa independencia... para regir su destino en lo universal del concierto de Naciones como Estado y a los cuales sólo les interesa la Nación como una vía para llegar al Estado, esto es, al poder neofeudal propio de todas las camarillas catilinarias.
«De esta manera, el presente Estatut define las instituciones de la nación catalana y sus relaciones con España en un marco de libre solidaridad con las nacionalidades y regiones que la conforman, compatible con el desarrollo de un Estado plurinacional y federal.»
Indudablemente esta paranoia es anticonstitucional y absurda, pues si es un «Estatuto», como bien se dice, no puede tener en modo alguno poder originario para definir las instituciones de la supuesta nación y sus relaciones con España. ¿Qué ha de definir una ley subsidiaria cuando la subsidiaridad de ella es precisamente el ser definida (por el poder de coacción y acato) por otra de mayor rango a la cual supone reforzar?{10} En el Artículo 1 de este Estatuto se pretende dictar a España cómo ha de ser como Nación: la subsidiaridad aquí consiste para estos conjurados en el debilitamiento de una ley mayor por una menor, o sea, en la más pura distaxia.
O estos catilinarios saben mucho o son rotundamente imbéciles. No existen Estados plurinacionales políticamente hablando. No hay en todo el planeta ni un solo Estado que albergue en su cobijo a más de una verdadera Nación política (pues es irrisorio que se hable de Nación bajo sus acepciones étnicas o geográficas). Y en cuanto al federalismo, sólo diremos por ahora que cualquiera de las partes actuales «autónomas» que ha recibido un poder determinado (Autonomía) no puede constituirse con el todo que le ha dado ese poder en pié de igualdad con él de otra manera a como lo hace, esto es, bajo la asamblea o Parlamento que reúne en Madrid a toda la actual nación soberana. Lo que los conjurados catilinarios y vascos quieren es actuar, no como partes que son de España, sino como partes «independientes», como Estados, para así tener el poder particularista de la «iniciativa constituyente»{11}, lo que no les excusa de tener que seguir posteriormente obedeciendo al poder central del hipotético Estado federal, y es sólo bajo esa condición de dependencia al poder central que pueden ser llamados Estados confederados. Desde este punto de vista el independentismo es una pura estafa política al pueblo, ya que promete lo mismo de lo que hay como Estado unitario aunque con otro nombre. Acaso el asunto sólo estribe en ganar tiempo y seguir mareando la perdiz, seguir cobrando los pingües sueldos, pues como dijo Tocqueville al hombre no lo mueven sus aureoladas ideas, sino sus groseros y parcos intereses.
El preámbulo nos dice a continuación:
«De la misma manera se establecen los vínculos de relación con Europa, donde todas las comunidades nacionales han de participar de forma corresponsable en las instituciones de Gobierno y legislativas para contribuir así al proceso de construcción europea.»
Esto es supremo para una plebs que en educación se encuentra a la altura logseana de Trinidad y Tobago. Así como el hipotético federalismo oculta el hecho capital que consiste en que ese federalismo permitiría que los Estados supuestos y que por ahora sólo son autonomías «fuesen órganos del Estado federal, que quiere y decide al fin y al cabo por ellos»{12}, cosa idéntica al Estado unitario actual, que sólo se diferencia respecto del Estado federal en que, en realidad, el Estado moderno unitario no está constituido por «comunidades autónomas», por órganos, sino por individuos, por ciudadanos, mientras que el Estado federal está constituido por otros Estados soberanos.
Al margen del desastre actual de esa Europa, es falso por completo que los «vínculos» con Europa sean o puedan ser de «la misma manera» que los vínculos habidos con España. Esto es palmario (el fiasco de las selecciones deportivas lo demuestra), a menos, claro es, que la verdadera decisión política se deje gustosamente en manos de «Europa» (en realidad en manos de la Francia y de la Alemania), cosa esta que los catilinarios no soportan hacer con España. Ese «de la misma manera» da por supuesto engañando que Cataluña ya es una «comunidad nacional», que ya es Estado... dado que la corresponsabilidad es sólo entre Estados, ese «de la misma manera» es sólo una petición de principio muy propia de estos conjurados que en sus pretensiones actuales desvelan su perversión futura.
«Asimismo, a través del presente Estatut, los ciudadanos de Cataluña y sus instituciones políticas reconocen el Vall d'Aran como una realidad con entidad propia y, en consecuencia, se acepta su integración en el Principado de Cataluña.»
¿Y por qué aquí los catilinarios no ha puesto que se acepta la integración de los araneses en la Nación catalana? Cataluña es un... Principado ¿de qué Monarquía? ¿O es que la monarquía holandesa o danesa no son «Naciones» unitarias como lo es España?
No hay una chapuza en este mundo que no sea un producto pueblerino, y el adorno dorado de lo pueblerino es el oropel, el oro falso:
«Cataluña quiere avanzar, mediante este Estatut, hacia una democracia de más calidad basada en un equilibrio de derechos y deberes. Este principio orienta la acción de los poderes públicos, que están al servicio del interés general y de los derechos de los ciudadanos y ciudadanas, como el derecho al bienestar, a la calidad de vida, a vivir en paz, a disponer de unos servicios públicos eficientes y de calidad; a disponer de un sistema de prestaciones universales que favorezcan la igualdad y la cohesión social, la creación de riqueza y empleo, con un compromiso permanente de lucha contra las desigualdades, las injusticias y la pobreza.»
El interés general de los catilinarios, se comprende, no de todos los españoles.
Para ser un Estatuto o edicto que a pesar de su tosco disfraz pretende ser una Constitución que de pies a un Estat Catalá, es cómico que se dedique en su preámbulo a pregonar per praecones eso del «transporte público». Las baratijas y oropeles verdaderamente deslumbran siempre a la plebe a la vez que desvelan la casta de «esta cohorte pretoriana de pervertidos! Preparad ahora, ciudadanos, vuestras defensas y vuestros ejércitos contra estas tropas de Catilina tan ilustres»{13}.
«Este es un Estatuto de y para las personas libres. La libertad política que conseguimos como país nunca debe ir en contra de las libertades individuales de los ciudadanos y ciudadanas de Cataluña. Porque sólo es libre de verdad un país en el que cada uno puede vivir y expresar suficientes identidades diversas, sin ninguna relación de jerarquía o de dependencia entre ellas. Y es misión de este Estatut tanto la libertad política de Cataluña como proteger las libertades íntimas, privadas de los ciudadanos y ciudadanas.»
¿Y a santo de qué podría ser, acaso, un Estatuto para las personas esclavas? ¿Es que acaso los ciudadanos de esta España no son libres? Los conjurados se auto excluyen llamando libertad a su huída, y en su perversión política tratan de salirse como buenos catilinarios de la única España por la Vía Aurelia, vía resplandeciente y deslumbrante repleta de oropeles o de laurel pero de más largo recorrido que otras para así velar su perverso destino a los ojos de los ciudadanos de bien{14}.
Si las libertad política de Cataluña es misión de este engendro... Eso sólo significa que Cataluña no es ahora libre... que España la oprime... ¡locupletes! Cuándo la libertad y los derechos que hasta ahora tienen estos catilinarios los deben totalmente a España... Que afortunada la república si lograra echar lejos de sí a esta hez!!{15}
Si la libertad de un país sólo consistiera... «en el que cada uno puede vivir y expresar suficientes identidades diversas, sin ninguna relación de jerarquía o de dependencia entre ellas...», no acabaríamos nunca, ya que las identidades confusas y difusas son infinitas. Por eso es que tiene mucha razón el Sr. Ignacio Sánchez Cámara cuando dice en ABC que «resulta paradójicamente enojoso que el presidente de una nación no considere relevante la cuestión de si lo que gobierna es una nación soberana o un Estado plurinacional cuya pervivencia depende de la libre decisión de sus naciones», étnicas, geográficas, folklóricas y &c.
Pues olvidando eso de la jerarquía en la que los catilinarios son unos grandes expertos, no se comprende eso de «sin ninguna relación... de dependencia entre ellas», entre las identidades diversas. Y eso que más arriba los locupletes nos han hablado de «la libre y plena interdependencia que una nación necesita hoy...» El lapsus debe ser debido a la física flaqueza estrepitosa del Sr. Rubert de Ventós que en su pasión por la huída por la Vía Aurelia ni se percata de las contradicciones toscas de este engendro para la aniquilación de España. Es de agradecer a los catilinos que se dignen «proteger las libertades íntimas, privadas de los ciudadanos y ciudadanas...» Y es que por actividades «intimas» sólo se me vienen a las mientes las actividades ocultas del sexo o de la evacuación del excrementum en la sentina, cosa esta en la que no se le ocurrió meterse ni al mismísimo Generalísimo Franco que en paz descanse. La conjuración llega hasta el paternalismo desbocado que considera muy suyo el protegernos estatutariamente de esas nuestras intimas vicisitudes. La mejor protección que podríamos pedir sobre esto es que nos dejen tranquilos.
«Es por todo esto que el presente Estatut establece: 1. Que Cataluña es una nación en el Estado español y que ha vivido en los últimos 25 años la primera etapa histórica larga y sin obstáculos de autonomía democrática y progreso. 2. Que la Generalitat restablecida en 1931, nunca ha dejado de existir, en tierra propia o en el exilio, gracias a la tenacidad de nuestro pueblo y a la fidelidad de sus dirigentes. 3. Que Cataluña considera a España una nación de naciones y al Estado español un Estado de carácter federal...»
Efectivamente hubiera sido demasiado que las flaquezas del redactor nos hubieran dicho que Cataluña es una nación en la nación española. Olvidar y ocultar como siempre a España y suplantarla por el Estado nos hace a todos ciudadanos, no de la Nación, sino del Estado. Y esto es muy cierto siempre y cuando sepamos que el Estado es un Estado de «individuos», no de Naciones u otras zarandajas o instituciones como las Comunidades Autónomas{16}; o sea, de todos los individuos comprendidos universalmente, esto es, como españoles a secas, pues no tenemos una «estatalidad», sino una nacionalidad sin distinción como «catilinos» o «andalusíes» y en la más plena relación de interdependencia por tener en común a los mismos penates.
¿Debemos agradecer a estos conjurados que España es... «lo que Cataluña considera»? Si la cosa no fuese tan grotesca deberíamos dar las gracias a estos catilinarios por hacernos gracias a su Verbo una «Nación de Naciones» de tantas raigambres bíblicas.
Luego, al «considerarnos un Estado federal», nos hacen un falso regalo a la vez que así y de golpe y por arte de birlibirloque, quedan ellos convertidos en una Nación acabada. Pura magia y un estúpido caballo de Troya.
Como es imposible llegar a ser Nación a través de un Estado que no se tiene, la cosa muta en llegar a ser un Estado por medio de una Nación que tampoco se tiene... cuando menos en su acepción política. Y es que la cosa sería más fácil si existiesen Estados «étnicos o geográficos», pero como estos confusos conceptos todo lo más que logran meter de contrabando es eso de las «naciones étnicas» o geográficas y de paisanaje (kurdos, araneses, yanomamos, chiapatecas, &c.), con ello se han de conformar estos conjurados que sólo desean dejar de ser lo que en verdad son: unas prefecturas a las cuales se les ha privado parte de sus derechos por haberse rebelado varias veces contra la patria española. La novísima rebelión les posibilita llegar a pretores, esto es, a no tener que obedecer los edictos del gobierno legítimo de Madrid para así poder seguir esquilmando aún más al pueblo como en el Monte Carmelo, sin cortapisas... cortapisas del Gobierno central de Madrid... supuestamente foráneas, cuando en verdad aquí lo único foráneo que hay es la Francia y la Alemania más el moro.
Este es el peligro para la verdadera patria si estos catilinarios se salen con la suya... «Porque si llegaran a conseguir lo que en el colmo de sus desvaríos pretenden, ¿Acaso esperan llegar a ser cónsules, o dictadores o incluso llegar a las alturas de un Ubú rey?... A unos y a otros los pongo yo en el mismo grupo, en el de los salteadores y bandidos, pero les aconsejo que abandonen sus delirios y dejen de pensar en proscripciones y dictaduras... pues ni los animales estarían hoy dispuestos a soportar tales prácticas»{17}.
«Que Cataluña considera a España una nación de naciones y al Estado español un Estado de carácter federal» es una manera palurda de decirnos que estos catilinos en su desvergüenza y por las gracias y calvas de los coronados con espinas en Jerusalén, tienen alguna potestad para hacer tal consideración que valga para algo y no únicamente para hacer una vez más el ridículo. De todas formas, bien vendrá el aclarar para sus acólitos engañados que el supuesto carácter federal del Estado en nada se diferencia del Estado unitario, y que «para todo aquello que es de su competencia, ejerce su potestad de Estado sobre todas las colectividades inferiores que contiene en sí, comprendiendo los Estados particulares. A este respecto la condición de los Estados particulares es idéntica a la de la provincia de un Estado unitario. El Estado particular, al estar sometido a la dominación del Estado federal, deja de aparecer como Estado: no es sino una circunscripción territorial del Estado federal»{18}, o sea, que sería jerárquicamente dependiente de igual manera a como es jerárquicamente dependiente la Autonomía o la simple provincia. Estos son los sellos y las cartas desveladas de estos conjurados contra España. Nada más, pues nada más hay en este engendro de Estatuto.
«4. Que en caso de conflicto entre el derecho general español y el particular catalán, se aplicará el principio de subsidiariedad.»
Se comprende por lo dicho más arriba que esta subsidiaridad la entienden los conjurados de manera invertida: que primará la ley catilinaria con el pretexto de reforzar leyes o instituciones del supuesto Estado federal, cuando en verdad lo único que se pretende es usar tanta añagaza para liquidar lo que queda de España.
«5. Que Cataluña ha sido y es una nación solidaria con los pueblos de España» ¡Portenta... tandem alicuando! Que desfachatez!!
Queda eso muy claro por la solidaridad del agua y las ganas inmensas de estos conjurados para seguir siendo lo que efectivamente desean seguir siendo la mayoría de los catalanes: simplemente españoles.
«9. Que a través del Estado, Cataluña pertenece a la Unión Europea, con la que compartimos moneda y fronteras exteriores y progresivamente la fiscalidad y la defensa.»
Pero a «través del Estado», a través de España, es lo mismo que ahora; pues dado el momento en que España no desease ser «europea» tampoco lo podría seguir siendo Cataluña... Y este a «través de España» debe ser otra de las flaquezas del Gran Redactor, pues aquellas «identidades diversas, sin ninguna relación de jerarquía o de dependencia entre ellas» de más arriba, para nada necesitaría de este «a través de España»... &c., &c., &c.
¿Hay alguien que entienda algo de este engendro de Estatuto? Tampoco eso es necesario pues no se ha redactado con esta flaca maestría para eso, para ser entendido. De este proyecto de conjuración catilinario podemos despedirnos con una palabras de Plutarco: «El arte de manejar al pueblo es el de convencerlo por medio de la palabra, sin embargo un control semejante de las gentes en nada difiere de la captura de animales salvajes y de su domesticación.»{19}
Y es que la conjura catilinaria acaso no consista en lo que se dice tan mal en este Estatuto sobre los planes futuros de los conjurados, sino en el Estatuto mismo como pulvinar prostituído y palabra dislocada y conjurada, como mito, como cojín y almohadilla para poder seguir ejerciendo esta idéntica pluralidad de sueldos y cargos, poltronas y corruptelas mientras la nación se queda sin las atenciones que verdaderamente le urgen y preocupan.
«Aquellas, ciudadanos, eran, todas, discordias que no tenían por objeto la destrucción de la república, sino su modificación. Ellos no pretendieron que no hubiera ninguna república, sino ser los primeros en la que había, ni poner fuego a esta ciudad, sino prosperar en ella. Pero todas aquellas discordias, ninguna de las cuales buscó la destrucción de la república, fueron de tal tipo que no se resolvieron con el restablecimiento de la concordia, sino con una masacre de ciudadanos.»{20}
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Notas
{1} Para una visión real y verídica de las luchas de clases en Cataluña, véase Historia de Cataluña, dirigida por Joaquín Nadal y Farreras y Philippe Wolf. Oikos, Barcelona 1992, por ejemplo, págs. 303 y ss.
{2} Gustavo Bueno: «Las ideologías armonistas del presente».
{3} «El alma se eleva a una vida en la que no hay ninguna oposición», Eckhart: El fruto de la nada. La mística y mítica unidad de toda la humanidad vendría a ser así la superación misma de toda dialéctica desde su núcleo, su pretendida y absurda autoeliminación. Esto es, superación del tiempo y del espacio, superación de la grosera materia, reducción absoluta a M2, lo que es igual a la imposible «nada», o en términos más actuales, igual a una estafa política, estafa que es la otra cara de la ideología como phantasmata absurda y totalmente hueca de verdadero contenido.
{4} Muy largo se nos haría profundizar un mínimo en ese absurdo de que la «nación catalana» se ha formado «con las aportaciones de energías de muchas generaciones» ya que, por lo que sabemos, la génesis de la persona política tiene muy poco que ver con la génesis sexual de esas generaciones, pues que el género ya se toma como dado, género y especie, material a partir del cual el animal homo sapiens se hace persona, persona política. Las diversas generaciones de hombres por no meter aquí a las innumerables generaciones de homínidos o monos que nos han precedido se han sucedido en milenios sin por eso haberse formado nación alguna hasta la voluntad política de los Constituyentes de la Revolución francesa.
{5} Véase nuestro «Derecho de autogobierno y de autodeterminación»
{6} Paráfrasis que me permito de algunos pasajes de las Catilinarias de Cicerón, Alianza editorial, Madrid 2005, pág. 65.
{7} Ver a Cicerón, ed. cit., pág. 51.
{8} Sobre la tontería de los llamados «derechos inalienables», véase a Georg Jellinek, Teoría general del Estado, FCE 2000, «El Estado y la formación del derecho», pág. 344 y ss. Por otra parte, Jellinek mismo nos dice que «lo ilegal... del hecho fundamental en la vida del derecho... consiste en que lo ilegal, la transgresión del derecho... puede crearlo» (!!, pág. 351). El hecho es que los derechos son históricamente alienables, superados o anulados por otros hechos y derechos.
{9} Cicerón, ed. cit., pág. 43.
{10} Subsidiaridad como robustecimiento de y para una ley de mayor rango. Ver por ejemplo a Gustavo Bueno, Primer ensayo sobre las categorías de las Ciencias Políticas, Biblioteca Riojana 1991, pág. 295. La subsidiaridad sólo puede ser entendida como un acrecentamiento de la eutaxia en este Estado concreto (España por ejemplo) por el reforzamiento de alguna de sus partes constituyentes (Cataluña por ejemplo) o de todas o alguna de sus leyes, cosa que no parece ocurrir cuando a muchos catilinarios no les «gusta este Estado» abogando de continuo con amenazas varias y la reforma de la Constitución cual ascua para sus sardinas. Se supone que el federalismo maragaletxe reforzaría al Estado y haría de España una «Nación de Naciones», pero nosotros creemos que ese dis-locado proyecto nos conduciría con toda seguridad al callejón loco de la disolución de España y de las utopías «supraestatales y las cosmópolis estoicas» propias del irrealismo político que ya criticó Gustavo Bueno en Primer ensayo... (págs. 264-266).
{11} Cfr. Carré de Malberg, Teoría general del Estado, FCE, 2000, pág. 121.
{12} Cfr. Carré de Malberg, ed. cit., pág. 122. Carré de Malberg nos dice en nota a pié de página: «Desde luego que los Estados confederados no merecen por completo dicha calificación de órganos sino en la medida en que ejercen, por cuenta del Estado federal, un poder de decisión propiamente dicha. Es patente, por ejemplo, que el hecho de que los cantones suizos tengan el derecho de proponer una ley federal o pedir el referéndum no basta para transformarlos en órganos propiamente dichos del Estado federal, ya que sólo se trata de facultades constitucionales de iniciativa y no de verdadera decisión.»
{13} Cicerón, ed. cit., pág. 91.
{14} Cicerón, ed. cit., pág. 78.
{15} Cicerón, ed. cit., pág. 78.
{16} Cfr. Carré de Malberg, ed. cit., pág. 124.
{17} Cicerón, ed. cit., págs. 88 y 89.
{18} Cfr. Carré de Malberg, ed. cit., pág. 125.
{19} Plutarco, Consejos políticos, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid 1991, pág. 53.
{20} Cicerón, ed. cit., pág. 120.
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