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LA RESPONSABILIDAD DE HISPASAT
Rafael L. Bardají • 21 Junio 2005
Publicado originalmente en GEES
Atentado de Hizbolah en Buenos Aires (18 de Julio de 1994). Destruyó la sede de AMIA (Asociación Mutual Israelita Argentina)
S
ABÍA USTED que gente que incita a cometer atentados como el 11-M, que pregona el odio y la violencia hacia nosotros, cuenta con un canal de televisión que transmite gracias a un satélite español? Pues es cierto. La televisión se llama Al-Manar (el faro en árabe) y el satélite es de la compañía española Hispasat. Al-Manar no es cosa de broma. Creada en 1991 gracias a una licencia en el Líbano, es el órgano mediático del grupo terrorista Hizbolah, creado diez años antes por Irán para influir indirectamente sobre el futuro de ese país y sobre Israel. Desde entonces, Hizbolah se ha hecho con el macabro orgullo de haber asesinado a más occidentales que ningún otro grupo terrorista, con la excepción del Al Qaeda y el 11-S. Hizbolah es una banda terrorista que no sólo ha actuado en Oriente Medio. Sus sangriento atentado en Argentina demostró que su alcance supera con mucho las fronteras del mundo árabe.

A comienzos de los 90 Hizbolah creó su propia cadena de televisión, Al-Manar. Hoy, Al-Manar cuenta con una media diaria de espectadores en todo el mundo que roza los 15 millones. Su programación es variada, pero cuenta con una filosofía de base que es una constante: el odio a occidente, a los judíos y a Norteamérica. Su carta de ajuste es muchas veces una imagen de la estatua de la Libertad, bañada en sangre y sosteniendo, en lugar de la llama de la libertas, un cuchillo. Cuchillo que representa la supuesta dominación occidental sobre los musulmanes. Pero hay más que pura simbología. Al-Manar hace llamamientos explícitos a la jihad y al terrorismo suicida. Ha defendido la necesidad de atentar contra los miembros de la coalición internacional en Irak y ha solicitado que los jóvenes engrosen las filas del terror islámico. Sus imágenes de terroristas volándose voluntariamente se repiten sin cesar.

Esa es la televisión que ven, con normalidad cotidiana, miles de emigrantes musulmanes en nuestro país y en Europa. Y eso es posible gracias a la complicidad o a la pasividad de determinadas compañías, como la española Hispasat. No siempre ha sido así y no tiene por qué ser así, de hecho. Al-Manar ha tenido una audiencia primaria concentrada inicialmente en el Líbano y después en Oriente Medio y sólo desde mediados de 2004 ha logrado una audiencia global. Esto fue posible por el acceso de Al-Manar a su distribución por satélite. El terror siempre sabe cómo explotar en su favor los avances tecnológicos de la globalización. En el caso concreto español, Hispasat tiene alquilado una banda de emisión a la compañía Globescat España, filias de la francesa Globescat, que es quien ostenta el contrato de distribución de Al-Manar. Hispasat sirve de proveedor tecnológico.

Ahora bien, Hispasat no puede ni debe escudarse en su papel aparentemente técnico ni en sus obligaciones contractuales con Globescat. Hispasat conoce el contenido de Al-Manar y sabe que incitar  a la violencia por razón de género, religión o raza es un acto ilícito. No necesita de una larga investigación para comprobar que Al-Manar es la expresión de Hizbolah, ni que sus contenidos incitan, entre otras cosas, a repetir el 11-M. Hispasat, no obstante, puede intentar quitarse el muerto de encima, pasándole la responsabilidad legal al gobierno, en concreto a la secretaria de estado de telecomunicaciones, pero eso no la exime de su responsabilidad moral. Nadie en su sano juicio se emperra en cumplir un contrato cuyo contenido implica permitir un llamamiento continuo a la guerra santa y al asesinato.

Hispasat y el gobierno socialista deberían tomar buena nota de lo que ha ocurrido con Al-manar en otros países. Desde que comenzó a mediados de 2004 sus emisiones por satélite, la compañía francesa Eutelsat decidió unilateralmente cerrar sus satélites a las emisiones de Al-Manar; también en diciembre de ese mismo año, 2004, Intelsat, la compañía basada en Barbados suspendió las emisiones para Norteamérica, habida cuenta que el Departamento de Estado puso al la cadena de Hizbolah en la lista de exclusión de grupos terroristas; New Skies Satellite, una compañía holandesa, hizo lo mismo en marzo de este año, al igual que TARBS, la compañía australiana usada por Hizbolah para transmitir hacia el sudeste asiático.

La situación actual de Al-Manar es que es retransmitida solamente por tres proveedores: Arabsat, una firma saudí; Nilesat, una compañía egipcia; e Hispasat. Es difícil entender cómo la propuesta de Rodríguez Zapatero de un entendimiento cultural entre las civilizaciones, entre oriente y Occidente, es compatible, o debe pasar, por la emisión, gracias a España, de más odio, rencor y violencia. Al-Manar tiene como misión ayudar a la gente árabe y a los buenos musulmanes –según responsables de la cadena- a convertirse en mártires, esto es, en terroristas suicidas. ¿Quiere usted que esto sea posible porque una compañía española quiere sacar beneficio económico de ello? La presidenta de Hispasat, designada por el actual gobierno de Rodríguez Zapatero, debería pensárselo mucho antes mirar a la cara a cualquier víctima del terrorismo.

El terrorismo puede ser vencido si se atacan tanto sus manifestaciones inmediatas como sus mecanismos para reproducirse. Y de entre estos, la difusión de una ideología del odio, antioccidental, antidemocrática, a través de una cadena de televisión del alcance global, es uno de los más peligrosos. Lo paradójico es que puede ponerse fin a semejante aberración simplemente apretando un interruptor. Ni más ni menos. Si el gobierno odia tanto la violencia como dice, que de prueba de ello. Apagar Al-Manar, una cadena de terroristas para terroristas, es una buena prueba.

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