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LA GUERRA CIVIL LLAMA A LAS PUERTAS DE MALABO
Guerra sucesoria en Guinea Ecuatorial |
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Antonio Yuste 27 Septiembre 2005 |
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Obiang Nguema, el general caníbal de Guinea Ecuatorial, que llegó al poder después de un golpe de Estado, nada en petródolares y prepara con su hijo un autogolpe para eliminar a sus familiares más cercanos. |
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OBIANG NGUEMA no se fía de nadie. A sus familiares ha confiado la dirección del país. A su hermano Armengol Ondó Nguema le ha confiado la tarea de Inspector de los Ejércitos, a otro hermano, Antonio Mba, la de Ministro de Defensa, a un tercer hermano, Manual Nguema Ba, la tarea de Ministro del Interior, a un sobrino, Alpaca Engonga Edjo, el control del presupuesto nacional, a otro sobrino, Cristóbal Manana Ela, el Ministerio de Minas y Energía (petróleo) y a su propio hijo y delfín, el otro ministerio que genera poderosos ingresos, Medio Ambiente y Asuntos Forestales (madera tropical). Estoy hablando de Guinea Ecuatorial, el paradigma de los países que hacen las delicias de las ONGs y de la ONU. Guinea Ecuatorial, crueldad máxima, canibalismo, extorsión sexual de niñas y adolescentes, magia negra, corrupción máxima y pobreza máxima, son sinónimos. Y es una equivalencia bien conocida de la comunidad internacional. Guinea Ecuatorial es el delirio de periodistas que pueden alcanzar el país y volver plenos de excitación contando todo lo que han visto, celebrando todo el exotismo del que han sido testigos y lo mucho que puede hacer Occidente para sacar a ese régimen del oscurantismo y a la población de la miseria máxima.
Llama la atención que ningún enviado especial o corresponsal volante haya reparado en la hipótesis sostenida por el pueblo de Guinea Ecuatorial, por todo el pueblo sin fisuras, de que la maldad es la razón última y causa verdadeera de los problemas que padecen. La maldad máxima de su presidente, familia y colaboradores. La maldad, exactamente la maldad, y no la ignorancia, la desinformación o la falta de habilidades. ¿Por qué será?, ¿qué bondades han descubierto en personaje tan macabro, los periodistas españoles, Moratinos y parte de la clase política española, bondades que se le escapan al pueblo de Guinea Ecuatorial y al resto de mortales?
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El hombre que llegó al poder tras un golpe de Estado y que no ha dudado en canibalizar a su opositores, en comérselos siempre que ha podido, que ha inventado sin cesar golpes de estado para perseguir a la oposición democrática, que juzga en estos instantes, en secreto, a puerta cerrada, a más de 100 militares, a los que acusa de desafección y para los que prepara castigos muy severos incluido el de la muerte, Teodoro Obiang Nguema, el hombre que se ha dirigido a los tribunales británicos pidiendo la extradición del excoronel de las fuerzas áreas británicas, Simon Mann, al que acusa de originarle extragos emocionales, hay que ver, por pretender apartarle del poder, Obiang Nguema, el hombre que vive encima de un mar de petróleo y gas, cuyos réditos roba a sus legítimos propietarios, el pueblo de Guinea Ecuatorial y que despierta tanta admiración en la clase política española y gran parte de la clase mediática.
¿A qué se debe tanta admiración y qué papel están jugando los petródolares en tanta pleitesía con el General Caníbal?
Los petrodólares de Obiang, del General Caníbal, corren profusamente, dicen las lenguas bien informadas, por los consejos de administración de algunos grupos mediáticos, ministerios y sedes partidarias. Y corren para preparar a la opinión pública española e internacional para un autogolpe que estaría precedido por el secuestro y eliminación de el principal opositor de Guinea Ecuatorial, Severo Moto.
El General Caníbal, es cierto, tiene a sus hermanos más cercanos al frente de la nación, pero confía su seguridad personal a una guardia pretoriana marroquí. No se fía de nadie. Tampoco se fía de su propia familia. Ahora prepara la liquidación de sus familiares más cercanos para entregar el poder a su hijo "Teodorín". Padre e hijo, al parecer, están reclutando un ejército privado entre tropas desmovilizadas de la UNITA angoleña y la guardia personal del antiguo dirigente de Ghana, Jerry Rawlings, para darse un autogolpe, eliminar físicamente a la oposición y desprenderse físicamente del clan familiar. El hijo de Obiang, Teodorín, que cursó estudios en un internado de Francia, se desplaza en su propio Gulfstream, avión privado, 50 millones de dólares saltando de su casa en Los Ángeles, a su casa en Paris, Ciudad del Cabo, Casablanca, Fez o Bata.
Los países occidentales se muestran preocupados con las aventuras y tramas del General Obiang, un general enfermo que se muere. En España, para nuestra desgracia, existe una franja de la clase política, de izquierdas, derechas y nacionalistas, que se muestra muy solícita a los requerimientos del General Caníbal siempre acompañados de abundantes petrodólares. Un General cuya fortuna la mueve un libanés musulmám con excelentes vínculos con el fundamentalismo islámico como quedó demostrado en las cuentas que le fueron intervenidas en la Banca Rigss (400 millones de dólares), después de la investigación que realizó una Comisión del Senado de Estados Unidos.
Si los países occidentales se muestran preocupados aunque comprensivos, no ocurre igual en los países del África Occidental Central donde se contemplan los devaneos de su vecino con inquietud y aguda preocupación. Se teme una guerra civil en Guinea Ecuatorial, complicada y larga, que desestabilizaría, Camerún, Gabón y Nigeria. La comprensión mezquina que dispensa Occidente al General Caníbal, la estulticia de la política española, la máxima responsable de todo lo que ocurre y los errores políticos garrafales de la política exterior de los Estados Unidos, errores que son incapaces de subsanar, pueden acabar incendiando la única parte de África que se había podido librar de una Guerra Civil. Eso sí, mientras la oposición democrática, el verdadero liderazgo democrático de aquellos países, se pudre en el exilio o en las cárceles y son objeto de burla de las ONGs, la ONU y la necia clase política occidental, tres grandes constelaciones de miserabilidad y repugnancia.
No faltan entre los periodistas más avispados en las redacciones españolas los que comparan a Teodorín Nguema y sus excentricidades consumistas, coches de lujo, ropa cara, joyas y chicas, con Eddy Murphy en la película Un príncipe en Nueva York. Es una lástima que la situación real sea más cruel y menos divertida. Detrás de dichas excentricidades hay crimen, sangre y afán por liquidar físicamente a Severo Moto y a quién obstaculice la larga marcha de Obiang Nguema y su propio hijo, que lidera la poderosa Asociación "Hijos de Obiang" más de cien y no es una broma por la senda del oro negro. Larga marcha criminal. Han saltado todas las alarmas. La Guerra Civil lleva años golpeando en las puertas de Malabo. El combustible de occidente es el petróleo, el combustible de la guerra civil, la desesperación. Mañana, día 28, más.
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HEROÍNA EN LA RETINA
Yo no soy Filemón |
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S MUCHO lo que nos queda por ver. Filemón Wesselink, un aguerrido presentador con ansias de triunfo social, proporcionará a los telespectadores estampas finas, diarias, de lo que se supone hace un joven holandés y casi occidental, chutarse heroína, alucinar con LSD, hacer el amor y otros asuntos característicos de su edad como emborrarse hasta el coma etílico. Veremos. Él mismo hará todas esas cosas, en directo, retransmitido a todos los hogares de Holanda. Es falso que todos los jóvenes hagan lo mismo y es dudoso que el retrato de Wesselink guarde parecido con la realidad de un joven holandés. La productora Spuiten&Slikken, que produce el programa que conduce Sophie Hilbrand, se prepone impactar la retina de la Holanda profunda con el descaro de Filemón. Una cosa será cierta, los telespectadores, la Holanda profunda, la Holanda que se aburre, que no sabe qué hacer con su vida, huérfana de criterio, la que tanto se parece a la clase media occidental, aburrida de sí misma, reventará los sofás para regodearse con un espectáculo sabido y que adelanto no aportará nada nuevo ni bueno en las retinas más jóvenes, excepto la familiaridad con las situaciones de pérdida de control y una falsa desinhibición. La adición viene después. Irse a otra parte, eludir el control social y familiar, mediante tóxicos y placeres, sigue teniendo tirón. El problema es volver. Occidente ha llegado a la fatídica y errónea conclusión de que puede con todo, que su fortaleza moral le permite asimilar las contravenciones, todas y cualquiera. Demasiado arrogancia. Yo no hice todo lo que va a hacer el Mortadelo holandés. Yo no soy Filemón. ¿Seré un individuo espiritualmente vacío?. Ya puestos, qué tal si Filemón se come un kilo de guindillas en una habitación cerrada y sin agua. La risa y el llanto. Todo llegará. ¿Y emborracharse hasta el coma etílico... también echará la pastilla y vomitará sobre la cámara? Puaf. |
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