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EL MODELO SOCIAL EUROPEO
La grasa de occidente |
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Antonio Yuste 20 Septiembre 2005 |
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América Gorda. Nueva Orleans |
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CUANDO YA todos tenemos un iPod el mundo cambia de repente. Añoro la jota. Escucho las declaraciones de Bon Jovi y me apatece menos escuchar Have a nice day y más una jota. Cuando todo el mundo primero es antiamericano, después antiluz, quiero decir antiglobalización, y por último progresista, mi interés por la jota se dispara. Un amigo ha sido expuesto a dos capítulos seguidos de Abuela de verano, en una prueba experimental y ha dado, el probe, con sus huesos en la UVI. Después de la insólita sesión de Abuela de verano, inspirada en la novela de una autora paranormal, Rosa Regás, necesitó bailar la jota, continuadamente, durante 5 días. Agotamiento terminal. Es verdad que vivimos en la España de Chávez pero quiero hablar de otra cosa. Vivir dentro del MDE (Modelo Social Europeo) o si ustedes lo prefieren bajo el modelo social occidental no es, precisamente, una bicoca.
Les haré una confidencia. Las imágenes de los efectos devastadores del huracán Katrina han alterado para siempre mi concepción de la economía y la política. Me impresionaron los destrozos materiales y la angustia civil pero muy poco en comparación con la profunda conmoción que me produjo comprobar la densidad de hipergordos por metro cuadrado que pueblan aquel país, y sé muy bien que en un metro cuadrado hay sitio para, a duras penas, 1/4 de gordo de ese tipo de gordos, auténticos sacos de grasa deformes. Nada me impresionó tanto como los excedentes de grasa que acumulan los ciudadanos del imperio. No sé explicar por qué en esta ocasión me impacto, en la manera en que lo hizo, un dato y una visión con la que estaba familiarizado. Es imposible, pensé, evacuar tanta grasa y un lastre definitivo y fatal para los Estados Unidos. La economía y cultura de EE UU, imaginé, con tanta grasa capotará antes o después. La nación americana acumula la mayor concentración de grasa y triglicéridos nunca conocida. Hay más insulina en Estados Unidos que en el resto del planeta. Me refiero la que tienen en el cuerpo sus habitantes. Los EE UU están acabados, me dije.
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América Gordo. Gordos disfrutando de la inmovilidad. |
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A partir de ese instante se apoderó de mi una congoja profunda y una sensación de abatimiento indescriptible. Me asaltaron las imágenes de adolescentes sebosos, ya extraordinariamente gordos, paseando por mi ciudad, León, una visión que despuntó hace apenas tres años y que empieza a proliferar. Jóvenes adictos, supongo, no lo sé, a los hidratos de carbono de alto contenido glicémico y que desarrollan un proceso fisiológico irreprimible: no pueden dejar de comer.
Los Estados Unidos están que revientan pero de grasa. En Europa empezamos a estar a reventar. En 10/15 años nuestra población obesa se adueñará como ya ocurre en Estados Unidos de la realidad social y habrá alcanzado, para entonces, como en Estados Unidos, la categoría de pandemia. ¿Dónde se entierran y qué tipo de coches fúnebres necesitamos? Son reservas de grasa para tiburones. Los adictos a los hidratos de carbono ricos en glicemia inundarán las calles, los platós de televisión, los casting, y alterarán de manera dramática la industria textil y del diseño. La pasarela Cibeles y Gaudí, que ahora se hace llamar la BCN fashion week, bajo la influencia del analfabeto tripartito catalán, necesitarán acondicionar un pasarela bis para los obesos y aprestarse a fabricar cantidad de ropa técnica para trasladar tanta grasa.
El sistema económico se colapsará. Los gordos no podrán trabajar porque necesitan todo su tiempo para seguir fabricando insulina, seguir comiendo hasta el fin del mundo y tener hijos, los que puedan, todavía más gordos. El sistema mundial de tallas y medidas colapsará, quebrará la industria del automóvil, de la vivienda, del mueble, de útiles sanitarios para el hogar, del transporte público, de la aviación, la industria marítima y la industria del ocio. La ropa dispondrá de arbotantes de acero para sostener la grasa. La construcción de un único arbotante colapasará la industria del acero laminado de España y para fabricar unas bragas será necesaria la cosecha de algodón de toda China. Las tallas serán eternamente pequeñas y no habrá trabajadores para fabricarlas. Los Fondos de Pensiones y el sistema financiero quebrará, es el colapso final de la civilización occidental.
Al fenómeno de la obesidad hay que añadir el fenómeno de la adición a la no natalidad, dos pandemias terminales. Los individuos adictos, lo veo venir, se adueñarán de la demografía y la población se segmentará por el tipo de adición, alcohol, drogas, no natalidad e hidratos de carbono.
Deben saber que la diferencia entre el Modelo Social Europeo y el Americano, reside en que los europeos pagan mediante impuestos el gasto sanitario y los americanos mediante seguros médicos, obteniendo ambos como contrapartida, por regla general, un mediocre servicio. Tener salud es un artículo de lujo. Me refiero a tenerla, no a tener derecho a ingresar en un hospital. Los europeos prejubilamos a todo el que se deja, los americanos tienen asistencia social hasta para quitarse los mocos y ambos tenemos las finanzas públicas colapsadas. El modelo social de uno y otro comparten su inconsistente visión del Estado, el del Malestar anegado de grasa.
¿Le parece un chiste? El único chiste, ahora mismo, es que el ECOFIN (Consejo de Economía y Finanzas de la Unión Europea) se entretiene contratando informes sobre eficiencia y equidad de nuestro modelo social, adivinando si somos productivos, competitivos y equitativos, no reparando en lo fundamental, que reventamos de grasa y que no nos reproducimos. ¿Para qué queremos ser más productivos, eficientes y equitativos?, ¿para qué, para quién y durante cuanto tiempo? Tenemos los mejores servicios sanitarios y educativos imaginables a un lado y otro del atlántico y qué obtenemos a cambio, se lo digo, obesidad, miedo a parir, culto al Estado del Malestar (tótem pagano) y odio a nuestra cultura, que combatimos dejándonos atrapar en la red de la atracción fatal por el islamismo, donde los problemas se perciben de otra manera, a través de la celosía de un burka. Cuando ya todos tenemos un iPod, el mundo cambia de repente, nos queda la grasa, digo la jota para bajar la grasa, quiero decir Abuela de Verano. Me estoy liando. Have a nice day. Mañana, día 21, más.
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FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN
Cine sin cine |
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La vida perra de Juanita Narboni. Escenas de la película de Farida Benlyazid estrenada en el Festival |
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INTERNET le pasa lo que al cine, que la clase política, académica, económica y mediática no lo entiende. Le divierte cuando lo ve. Ahí acaba su relación con el cine. Si se lo cambias por una película porno o un partido de fútbol no percibe la diferencia. Entre unos y otros el cine español se muere por sobredosis de ignorancia. El cine, como espectáculo de sala se está muriendo aceleradamente y el cine español, directamente, como los propios españoles, se extingue. Los paladines del cine de autor reunidos en el Festival de Cine de Sebastián, atención, en el mismísimo Donostia Nazioarteko Zinemaldia, literalmente el centro del mundo, que tiene como babeslea oficiala (patrocinador oficial), nada más y nada menos que a tve, han estado a punto de subscribir un manifiesto pidiendo se proteja al cine español como se protege al lince ibérico, poniendo un radiotransmisor en el cuello a cada director de cine de autor, balizando las productoras para saber por donde paran y poniendo comederos con mucho dinero en las puertas de las administraciones públicas. Sabemos que el cine de sala se extingue, lo sabemos todos y lo sabemos desde hace tiempo. Los únicos que se han resistido a la evidencia son los promotores del cine de autor, los políticos, los académicos y los periodistas, solidarios en la ignorancia.
En el festival de San Sebastián pasa que hay poco cine que ver. Que hay más glamour que cine y más ruido que salas donde exhibir el poco cine que se hace en España. Ocurre que el cine, que es la dramatización de la historia y de historias, que es una forma de contar, que es una habilidad social de primera necesidad, ya no cabe en las salas; ocurre que necesita la televisión, las escuelas, los centros de enseñanza, los clubes de todo tipo, los grupos de amigos, los hogares y cualquier nodo tecnológico de distribución de señal. Eso es lo que le pasa al cine, que se ha hecho grande, muy grande y que detrás hay un gigantesco sector económico esperando. Lo que le pasa al cine es que ya nada tiene que ver con el cine de autor y con las estrellas del firmamento, una minúscula parte, de todo lo que se hace con le mismo oficio que se hace el cine. Al cine español le sobra cine de autor, casi siempre muy ignorante y le falta oficio y sentido común. Le sobra glamour y le falta, con más frecuencia de lo deseable, cerebro y sabiduría, el que le falta a nuestra clase política, académica y mediática. |
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