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Abrir el debate. El Futuro de Castilla y León
Cazurra Bit • 15 Marzo 2005
Bandera de Castilla y León
L
A TENSIÓN nacionalista no ha cesado de crecer desde los albores de la transición, espoleada y favorecida por la izquierda y una parte de la derecha. Las políticas de inmersión lingüística han empezado a pasar factura y la situación se agravará espectacularmente en las próximas legislaturas cuando los cachorros educados en la inmersión lingüística, esto es, en el paletismo, en el racismo y en el odio a España ocupen nuevas franjas del electorado. Son grupos sociales que radicalizarán sus reivindicaciones hasta extremos no imaginados aún. El Plan Ibarreche es un ejemplo elocuente de lo que hablamos.

Nadie sabe qué cosa es esa de la Reforma Constitucional, nadie avanza nada, nadie la rechaza, pero nadie avanza nada. Ni el Gobierno, ni el partido del gobierno, ni los socios del gobierno, ni la oposición, ni las comunidades autónomas que están en la oposición. Todos callan, excepto el PNV, PSC y ERC, sumidos en una lógica secesionista que los datos objetivos anuncian imparable. Lo que vemos los españoles con nuestros propios ojos en el País Vasco nada tiene que ver con lo que nos cuentan las estadísticas y sobre una hipotética línea roja infranqueable. Una línea roja que está en la imaginación calenturienta de unos pocos políticos y que nadie en sus cabales es capaz de entrever y aún de imaginar. No existe. Dicha línea roja no existe y no existe estrategia para crearla o para defenderla. No hay estrategia. La única estrategia a la vista es ignorar el problema e improvisar si surge.

Nadie dice nada y todos los actores sociales juegan a la defensiva. Todos a la defensiva. Están a la defensiva los partidos políticos y lo están los ciudadanos. Todos quietos hasta que alguien de el pistoletazo de salida. Cuando se dé, nadie lo podrá evitar, todas las formaciones políticas entrarán a degüello sobre la Constitución y la caja pública sin otro ánimo que obtener la mayor ventaja. Todos callan y aguardan, aguardan los partidos políticos, las fuerzas sociales y los españoles.

¿Aguardan o se reservan su mejor opinión por prudencia?. Si fuera cierto sería un lujo. Nada de eso. Aguardan y se reservan porque nadie sabe qué hacer y nadie hace el más mínimo esfuerzo intelectual por proponer cosas interesantes y sensatas que sirven de lanzadera y orienten el debate. El PP ha demostrado repetidamente que tiene problemas agudos para conectar con su propio electorado y movilizarlo. En el último instante, no es la primera vez, serán derrotados, divididos y engañados. No importa lo que quieran los españoles, importan lo que decidan los jefes de las burocracias partidarias. El proceso será vertical, de arriba para abajo. Es el estilo español y el pueblo, como tal, a pesar de que él, precisamente de él, emanan todos los poderes del Estado, se quedará compuesto y sin novia. O el levantamiento popular o aceptar el menú que le sirvan.

La prueba del nueve de qué nadie sabe qué hacer es el informe remitido por el Cobierno al Consejo de Estado cuyo presidente se entretiene confesando a los españoles sus disquisiciones delirantes sobre el ordenamiento territorial y sus supuestas comunidades nacionales. ¿Qué pasa en Castilla y León?. ¿Se cree, de verdad, que se generalizará el modelo fiscal vasco del cupo?. Ni soñarlo, el Estado constituido históricamente de manera vertical, de arriba a abajo y si pivotes intelectuales para rehacerlo, no hay clase política que le de amparo, jamás se desprenderá de la Agencia Tributaria. No lo hará, excepto que se desgüace el Estado como consecuencia del desarme político e intelectual de los españoles, fase en la que estamos. No iremos de manera concienzuda, voluntariamente, a un modelo fiscal como el vasco. Equivaldría a construir la hacienda pública, de abajo hacia arriba, y de momento no hay clase política capaz de soportar un cambio tan brusco. Una medida de ese tipo implica tener confianza en el pueblo español y la clase política española, históricamente, jamás ha confiado en el pueblo español. Es inexplicable pero también cierto.

¿Se impondrá el modelo catalán, pagar por renta y recibir por población?. No hay opiniones, ni respuestas. Todos están a la defensiva. Es paradójico, todos, sin excepciones afirman que el actual modelo de financiación local es inviable y a la par callan cuando se abre el melón de la reforma constitucional y en dicho melón se pone sobre la mesa, lo ponen vascos y catalanes, a cara perro, alternativas fiscales de financiación. Los vascos soberanistas, sin pelos en la lengua y los catalanes autosuficientes. ¿Qué opinión le merece al resto de España, el modelo catalán?. Nadie dice nada. Todos callan. Se puede recibir por población, territorio y nivel de renta. Es una vía. Lo que si sabemos es que urge solucionar la financiación local, las competencias y el sistema de gasto. Catalanes y vascos tienen su propio modelo y reúnen los elementos sociológicos y políticos para imponerlo a pesar del silencio del resto de españoles.

¿A quién beneficia el silencio si todos sabemos que habrá Reforma Constitucional en la que quedará afectado el modelo autonómico?. No se sabe. Nadie sabe nada.

Los españoles, Castilla y León, necesita abrir el debate con propuestas de carne y hueso. Es un debate que hay que abrir y conviene hacer como conviene abrir, asimismo, es urgente, el debate del deterioro presupuestario que se avecina. No recibiremos dinero de Europa y tendremos que aportar en el mismo acto, dinero para las regiones más retrasadas. Ocurrirá a la vez. Tenemos que abrir el debate del uso racional y productivo de nuestra capacidad de ahorro e inversión. El actual modelo financiero ha dado todo el fruto que era posible esperar.

Dependeremos cada vez más de nuestro esfuerzo y del rendimiento de nuestro esfuerzo e inversiones. No habrá inversiones internacionales en la región, las inversiones, de existir, serán sobre todo internas a la región. El proceso de deslocalización no incluye a Castilla y León como destino de las grandes empresas o multinacionales, al revés, empresas actualmente radicadas en Castilla y León, podrían trasladar sus plantas a otros destinos. Seguimos competiendo en el mercado nacional y global con parámetros inservibles. Dependemos ya y dependeremos aún más en el futuro de nuestras propias decisiones y de nuestros propios recursos.



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