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NOTA: Las secciones 'Diario de a bordo', 'León en zumo' y 'Ojalá', se renuevan, los martes, miércoles, jueves y viernes. Las secciones 'En Serio', 'Atractor León', 'El Púgil' y 'Bang' se renuevan todos los martes.
PRÁXIS DE LA PUERTA DE ATRÁS
El "Sí" es un misil contra la estabilidad de la Unión Europea
Antonio Yuste • 15 Febrero 2005
Ilusión que promueven los partidarios del Sí
NADIE necesita un Tratado por el que se establece una Constitución para Europa y por lo tanto no lo tendremos. Jamás existirá. Si no lo reprueban los españoles, cosa que es de esperar, lo reprobará cualquier otro país. El "Sí" es una ataque furibundo a la estabilidad y viabilidad de la Unión Europea. El "Sí" representa a los dinamiteros, a los que aspiran a una demolición incontrolada, por colapso. Los ciudadanos europeos lo saben bien. La Unión Europea tiene un portentosa puerta de atrás por la que se escapan los países más influyentes. Si les gusta el menú acusan de antieuropeos a los que prefieren otro guiso, si les disgusta lo mangonean y dificultan hasta que el menú del establecimiento europeo se ajuste a su paladar. Si su papilas degustatitvas se cierran ante el menú que les ofrece Bruselas, no lo cumplen, así, sin más, y a otra cosa mariposa. Es un auténtico trágala. A pesar de los numerosos tratados y del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, la Unión Europea sigue siendo una unión intergubernamental donde los que más pueden, los más poderosos, hacen y deshacen a placer. La Unión Europea ha llegado a un punto de desarrollo e integración a golpe de pasteleo que conviene revisar. Ha llegado el momento de decir basta, stop, y pararse a reflexionar y madurar las iniciativas y estrategias más convenientes sobre la Unión Europea. Ha llegado la hora de dotar de legitimidad al entremado burocrático europeo. Si se debilita aún más la autonomía política de los estados nacionales, estamos entrando de lleno en aguas pantanosas de consecuencias imprevisibles.

¿Qué ocurrirá si determinadas iniciativas no son del agrado de países como Polonia, España o Italia, por poner un ejemplo, y los habitantes de algún país, parcial o totalmente, hacen consenso para resistir o protestar dichas decisiones?. Desarmada la clase política nacional y sin instrumentos sólidos y bien establecidos de acción política, sería inevitable la expansión de la zozobra y la desobediencia civil. El no cumplimiento de un miembro forzaría por parte de la Unión castigos ejemplares. El afectado, para protegerse y presionar, intentaría devolver el golpe a la Unión en otro escenario. La espiral desencadenaría un proceso de fuerza, de rebelión, de matriz nacionalista, que despertaría otras solidaridades en otro miembros de la Unión. Es el principio de la rebelión con fuerza institucional, a saber, armada. Con todo, la hipótesis más temible es que tal cosa pudiera producirse en Francia, Alemania o el Reino Unido. Asistiríamos a una implosión de la Unión Europa de consecuencias dramáticas. El Tratado de la Constitución para Europa avanza hacia un galimatías sin solución que desnaturaliza todos los centros de poder democrático existentes en los miembros de la UE y los sustituye por un enredo inextricable de corrupción, autoritarismo y pasteleo intergubernamental. Avanzamos los europeos hacia el abismo institucional.

Contrariamente a los que nos dicen los lenguaraces del SÍ, los irresponsables, la Unión Europea no es la única posibilidad que puede proporcionarnos bienestar. Suiza no está en la Unión Europea y su renta percápita no se ha debilitado ni un ápice. El Reino Unido no está en la Unión Monetaria y el PIB y la capacidad adquisitiva de la libra no se ha debilitado y más bien al contrario. La Unión Europea, por sí misma, dista mucho de ser un proyecto hermoso e ilusionante. Mastrique ya fue un tratado que levantó una espesa polvareda. El Tratado de Niza es bueno para España pero dista mucho, pero mucho, de ser del agrado de Francia y Alemania. La Unión Europea, tal como se nos quiere presentar, tampoco es un proyecto sostenible sin la existencia previa y sólida de España. La Unión Europea necesita la solidez de España para sobrevivir. Los europeos lo saben. Nuestra capacidad estratégica ha quedado demostrada muchas y variadas veces, a lo largo de la historia. El actual periodo excéntrico de nuestra política exterior, que será temporal, nada resta.

Los vendeburras y vendepatrias del Sí, de ciencia menguada, dibujan en el horizonte un futuro pletórico que fingen conocer. El nuevo tratado es lo que es, un farragoso Tratado y nada tiene que ver con una Constitución, por más vueltas que le den los socialistas y los populares. Es un tratado cuya aprobación creará muchísimos más problemas que resuelve. ¿Qué demonios quiere decir "Tratado por el que se establece una Constitución para Europa"?. Nadie lo sabe y de tal ignorancia proviene el terror. Gustavo Bueno lo cuenta con magisterio cuando afirma que equivale a que un geómetra que sabe no puede construir un decaedro regular proclamara, “Proyecto imposible de construcción de un decaedro regular”. Nadie ha previsto formalmente la disolución de todos los estados para apadrinar una Constitución. Tal cosa no está en la agenda. No es necesario ser adivino para anunciar que la Unión Europea está a un paso de desepeñarse.
La Unión Europea necesita pisar el freno y redefinir el marco institucional con más precisión y más eficacia jurídica y práctica. Avanzamos por el camino del desarme trucado de los estados nacionales, con pasteleo, sin principios y sin estrategia jurídica y política. Los más débiles perecerán y con la primera crisis institucional, de desamparo de los ciudadanos de un determinado territorio, surgirá la fractura institucional y la contestación por otras vías, sin descartar ninguna, incluida la de la fuerza, la militar y la resistencia armada. Despreciar la capacidad de violencia, muy contrastada de las sociedades europeas, es apostar por el autoengaño y los argumentos de complacencia contra toda evidencia.

La proclividad de los distintos tratados, animados por la vieja clase política, hacia la emergencia de un gran estado burocrático, en su formato más clásico y convencional, es un carcinoma que avanza y se multiplica por el acervo jurídico europeo. Si los europeos hubiéramos tenido dos o al menos un dedo de frente, le hubiéramos dado hace tiempo el stop a una clase política envejecida y antigua instruida en los principios metafísicos de la revolución francesa (pueblo teológico, despotismo igualitario y fraternidad inconcisa) y del idealismo alemán (todo coincide y es sublime cuando se ajusta a los intereses innegociables del pueblo alemán, autoconstituido sin permiso en el eje central de Europa).

Con franqueza, unos y otros, alemanes y franceses, no dan la talla y han demostrado repetidamente su incompetencia para pensar el mundo y los interés globales. La tradición de imperio con un vasto proyecto racional e histórico solo adornan a dos naciones en el continente europeo, el Reino Unido y España. Alemania y Francia han dado sobradas muestra de irracionalidad durante la primera, la segunda guerra mundial y la guerra reciente de los Balcanes. La política exterior francesa tiende a ser enfermiza y sanguinaria. Los ciudadanos europeos necesitamos armarnos y protegernos intelectualmente de los modos metafísicos e idealistas de franceses y alemanes. Su punto de vista que está contaminando al resto de la clase política europea es improductivo y maligno, para ellos y para el conjunto. Conduce a ninguna parte. Nunca, por sorprendente que pudiera parecer, han tenido razón. El pueblo alemán y francés necesitan desparramarse en el diván de la historia y tiempo, mucho tiempo, para la expiación de sus necedades e incompetencias seculares.

La Unión Europea necesita una nueva clase política con capacidad propositiva a la altura del siglo XXI. A nadie conviene el propósito indecoroso y estúpido de un Estado Burocrático Europeo. Nadie lo necesita. No lo necesita Europa, no lo necesita Occidente, no le necesita la Humanidad. Necesitamos construir un entremado institucional de nuevo cuño, no burocrático —es imposible pagar a más funcionarios—, limpio, nítido, legítimo y principal —con proclamciones consistentes— capaz de organizar la interdependencia y la colaboración a la que estamos abocados sin destruir legitimidad de los estados nacionales
. La legitimidad de los estados nacionales es nuestro punto de partida y no podemos destruirla, como lo estamos haciendo, para ser sustituida por un enredo burocrático impenetrable. La edad del conocimiento, concepto por otra parte muy subido de tono pues todas las edades, a su modo, fueron edades del conocimiento, no necesita ideacciones políticas de entre el XVIII y el XIX.
MENSAJE INSTITUCIONAL DE CAZURRA BIT. Europa está dando mucho a los europeos, incluso lo que nadie pide: burocracia, disparate y mucho trinque. Nadie necesita una Europa franco-alemana, que a los susodichos les parece, respectivamente, insuficientemente gala o germana. Vd. decide.
MOSCA CAZURRERA. Si España dijera "NO" en el Referédun para ratificar o rechazar el Tratado por el que se establece una Constitución para Europa, los españoles le ahorrariámos a todos los ciudadanos de la Unión el fatigoso procedimiento de votar y discutir un imposible jurídico y político. Su gratitud se haría evidente al día siguiente del Referéndum desde todos los titulares y editoriales de la Prensa Europea.
León en zumo
Lagun Air, un crack mediático
España se hace grande
Crémer contra Crémer
Ojalá. SEAN SCULLY
Bang. El gran desperdicio
SIN EMBARGO, también tiene implicaciones bastante dudosas, que tienen que ver con la noción de “desperdicio”. Para poder hablar de desperdicio tendría que aceptarse que en el Universo hay lo que los expertos llaman una “intencionalidad”, es decir, un plan: implica que hay “alguien” que es responsable de lo que pasa.
El Púgil. Aspectos económicos del Tratado por el que se establece una Constitución para Europa
EL PREÁMBULO y la Parte I ya sugieren que el Tratado versa mucho más sobre el poder que sobre sus límites, aunque se exprese contradictoriamente, como cuando el Preámbulo alude a la “diversidad” pero también al intervencionista y uniformizador acquis communitaire: “garantizando la continuidad del acervo comunitario”. El Tratado procura desde su primer artículo dar la impresión de que la Unión no es más de lo que los estados europeos decidan atribuirle, que apenas “coordina” políticas estatales.
Atractor. Todos ante el espejo
TODO LO BUENO que ocurría en España, desde el punto de vista económico, venía de fuera: turismo, inversión extranjera y fondos estructurales. Han sido tiempos de holganza intelectual y dejar hacer. Todo consistía en escuchar propuestas y elegir las mejores. No necesitábamos pensar, formar decisiones y mucho menos asumirlas o correr riesgos. Todo consistía en no poder impedimentos al crecimiento económico que otros nos imponían.
En serio. No se admiten bromas
MALDITA burocracia. ¿Por qué la PAC no subvenciona los pedos en lugar de las alubias?, ¿para qué tanto rodeo?.


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