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¿SOMOS BACTERIAS?
Martín Bonfil Olivera • 01 Febrero 2005
Publicado anteriormente
en ¿Cómoves?
Estas bacterias fueron encontradas en cristales de sal, atrapadas a 609 metros de profundidad bajo tierra en una caverna al Sudeste de Nuevo México, Estados Unidos, en un estado de suspensión animada desde hace 250 millones de años. Hasta ahora, los sobrevivientes más viejos eran esporas bacteriales descubiertas en una abeja atrapada en ámbar, desde hace entre 25 y 40 millones de años.
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A IDEA puede parecer extraña. Después de todo, estamos acostumbrados a pensar en las bacterias, esos invisibles, microscópicos vecinos con quienes compartimos el planeta, como fuente sólo de enfermedades o de descomposición de los alimentos. O, en todo caso, como el último eslabón en el ciclo natural por el que la materia orgánica de los cadáveres regresa a formar parte del suelo.

Pero las bacterias son mucho más antiguas que nosotros. Estuvieron aquí en un principio, cuando no había ningún otro ser vivo sobre el entonces joven planeta. Sin duda los primeros organismos eran primitivas bacterias, con células de tipo procarionte: simples, sin un núcleo definido por una membrana, con su material genético en contacto directo con el citoplasma. En el origen fueron las bacterias... o sus ancestros.
Y es que, a su vez, las bacterias son nuestros ancestros. De nosotros los eucariontes, plantas, animales, hongos y ese quinto reino en que se agrupa a los organismos que no caben en los otros cuatro: los protistas.

La historia es simple. A lo largo de años, siglos, milenios y millones de años, las bacterias han venido creciendo, dividiéndose y multiplicándose. En este proceso también han cambiado. Evolución significa cambio. El azar de la mutación y el rigor de la supervivencia las han obligado a adaptarse a los ambientes más variados.

En algún momento de esta larga historia evolutiva, la competencia dejó de ser el único recurso, y la colaboración entró en escena. Quizá fue un accidente, quizá un intento fallido de conquista; lo cierto es que hoy las células eucariontes tienen en su interior lo que parecen ser antiguas bacterias. Entraron, se adaptaron y se quedaron a vivir ahí dentro, en lo más íntimo de nuestro ser. Hoy son los cloroplastos que permiten a las plantas fabricar sus alimentos con la energía solar y las mitocondrias que nos permiten a todos los eucariontes oxidar esos alimentos con ayuda del oxígeno. No podemos vivir sin nuestras bacterias.

¿Y cuál era esa antigua célula que fue colonizada por ellas? Quizá se haya tratado de una clase distinta de organismo, también procarionte, del tipo de las antes llamadas arqueobacterias y hoy clasificadas en su propio reino: el de los arquea. Un arquea parece una bacteria, pero evolutivamente es más similar a los eucariontes.

De modo que bacterias y arquea, ambos procariontes, colaborando en una complicada simbiosis, dieron origen a las células eucariontes. Quizá, entonces, puede decirse que todos somos bacterias: nuestros ancestros eran células procariontes. En todo caso, somos bacterias muy evolucionadas.
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