INFORME XI. ELABORADO POR CAZURRA BIT La Gran Señora
Lorey Bonante. Box of Glances, 1998
E
CASTILLA Y LEÓN está empantanada en un modelo de economía cerrada, organizado alrededor de la obra civil y la construcción. El caso de Renault y la automoción, lleva tiempo siendo un isla. La industria vitícola que ha crecido por sí sola es el único exponente que nos une, como fenómeno, a la economía mundial. Hay más cosas pero son excepcionales y son islas. La industria agroalimentaria no despega y después de 25 años de transición, de gobierno autonómico, nada ha cambiado y nada se ha conseguido. La falta de resultados claman al cielo. Castilla y León se desliza por el mismo sendero, hipertrillado de la industria turística: todos camareros. No hay nada malo en la industria turística. No hay nada malo si está preñada con valor añadido. No es el caso. Castilla y León actúa como un gigantesco parque temático. La impotencia, a fuer de pésimos diagnósticos y peores remedios, es clamorosa. Se ha perdido planta empresarial, se perderá aún más en el futuro y disponemos de una planta empresarial repleta de MIPYMES (micro y pequeña y mediana empresa) con un estructura de propiedad ruinosa y una sector agropecuario trabado por las subvenciones. Nuestra pirámide demográfica pone los pelos como escarpias y la modernización de nuestras infraestructuras ha sido a cuenta de la evolución vegetativa, un dejarse ir, intentado cumplir con el remozamiento de nuestras ciudades e infraestructuras con fondos estructurales preasignados.
% Participación sectorial sobre el VAB total. 2004
León
Castilla y León
España
Agricultura
6,8%
9,2%
4,0%
Industria
24,7%
25,5%
22,7%
Construcción
9,0%
6,5%
8,9%
Servicios
59,5%
58,8%
64,5%
El sector servicios e industrial, representa el 84,2% de nuestra economía, soportado en buena parte por nuestro parque empresarial de MIPYMES y con el cuadro antes descrito. Se le resta Renault, Campofrío, Pascual, otras treinta empresas, las Cajas de Ahorro y el resto es todo MIPYMES. El 6,8% es el sector agrícola, un sector en recesión y totalmente trabado por los presupuestos públicos y las subvenciones. No pintan oros. El dinero de Bruselas se acaba y nuestra capacidad de intervención en la realidad se estrecha cada día que pasa. No sabemos qué hacer y cómo hacerlo. En Castilla y León siguen mandando el poder invisible, la Gran Señora: la ignorancia. Una ignorancia impuesta por la incomprensión del mundo moderno, de las economías abiertas y la falta de habilidades sociales.
Una coalición de constructores y políticos dominan la realidad y nuestras entidades financieras. Llama la atención que siendo el sector construcción el que menos peso tiene en nuestro VAB, es el más poderoso, con gran diferencia sobre el resto y el que genera acumulación de capital suficiente para invertir en política y dominar las decisiones de las administraciones y de las instituciones financieras locales. La ignorancia es el sobrepoder, es el poder invisible y el más vigoroso e influyente sobre la organización de los presupuestos públicos y sobre la calidad de la gestión del pasivo de las entidades financieras.
Nuestras infraestructuras financieras locales y regionales, la Cajas de Ahorro, se comportan y actúan como la enemiga pública número uno. Captan nuestros ahorros y en buena parte los hacen volar para aterrizar en otras partes de España y del mundo. Su furor deslocalizador a muy bajo rendimiento y su ineficiencia gestora, apostando por bajos rendimientos cuando los mejores rendimientos están en su propio entorno, produce estupor.
Las Cajas de Ahorro regionales son el mejor ejemplo de una pésima gestión financiera y son, a su vez, los grandes responsables de la composición de nuestro PIB y su pésima calidad. Es bueno decir que nuestras grandes Cajas están a merced de la clase política existente y verdadera explicación de todo lo que ocurre. Su afición a los activos convencionales y a comprar presente las está matando y nos está matando. Su no entender el mundo actual, las economías abiertas, el capitalismo, el papel de la propiedad y la economía de mercado, está siendo mortífero. En buena lid el éxito de toda la cadena de valor, desde el empresario hasta la entidad financiera, pasando por el tejido social y la propia administración (recaudación fiscal), debiera perseguir la revaloración del parque empresarial de MIPYMES, el que soporta el 84,2% del VAB. Siendo obvio para cualquiera no lo es para el gran poder, el poder invisible de Castilla y León, la Gran Señora.
No debe consolarnos que las instituciones financieras españolas constituyan la verdadera pesadilla de España. Solo saben prestar, solo quieren prestar y solo invierten al (100%) en activos muy maduros o en fase terminal de su vida útil. Representan la muerte. De nada saben, de nada entienden, no están dispuestos a reconsiderar sus puntos de vista, y prefieren autoinmolarse, la resistencia numantina antes que considerar la conveniencia de girar unos grados sobre su eje. Tienen detrás a toda nuestra élite política para organizar su repliegue sobre el pasado y desentenderse de la economía del conocimiento.
La Gran Señora, a la vieja usanza, se pavonea en tacones de pico y medias de cristal con raya. Morirá como ha vivido, haíta, a reventar de ignorancia. Solo existe construcción, activos que se revalorizan por encima del precio del dinero (negocio seguro) y la financiación de negocios que viven de los presupuestos del Estado. La estrategia de trabajo con las MIPYMES es la conocida. Su actividad exclusivamente prestamista tiene efectos devastadores y brutales sobre un parque empresarial con una estructura de propiedad ruinosa que tiene que soportar, fruto de tal estrategia, unos balances estrafalarios, fuera del mundo.
En Castilla y León tenemos una planta financiera local que valora pasado y presente. No existe movilidad social. La actividad empresarial es el resultado de esfuerzos titánicos individuales contra todo y todos. La planta de MIPYMES están constituidas sobre el trabajo, partiendo de nula o cero acumulación de capital, continuamente sobre el préstamo y siempre con la lengua fuera. El sistema de selección de las empresas que sobreviven en Castilla y León es de una crueldad espantosa y nada tiene que ver con la potencialidad de cada una de ellas. Sobreviven los titanes. El esfuerzo es tan extraordinario que la propiedad llega exhausta, agotada, después de esquilmar pisoclógicamente el entorno familiar, después de la devastación emocional de predecesores y suscesores, con muy poca acumulación de capital y la desvalorización contable, social y política de la actividad empresarial.
Cuando un responsable local de las entidades financieras asegura que ellos valoran proyectos y la rotación del dinero, es para ponerse a temblar. No saben de lo que hablan y tampoco lo que dicen. Su mentalidad es paternalista, antieconómica y antiempresarial, intervencionista, censora y enemistada del futuro, por lo tanto destructora, destructora de valor. Poco importa que en la composición de la economía real, la industria y los servicios represente el 84,2% del VAB. Su apuesta es por la ignorancia, solo se fían de la Gran Señora. El no entendimiento de la economía es enervante. El sistema financiero local actúa sobre el tejido de MIPYMES como gigantescas bolas de grasa saturada. La estrategia financiera adecuada pasa, inevitablemente, por mejorar la calidad de la estructura de propiedad de nuestro parque empresarial de MIPYMES, a saber, aumentar el valor de la planta empresarial instalada y reducir en el mismo acto los niveles de riesgo de la actividad crediticia con dicha planta. La estrategia financiera pasa por desarrollar estrategias de futuro y entender qué es la economía, que la economía son personas y que economía es hacer cosas por y para los demás y que cuanto mejor las hacemos y más novedosas, más valen y mejor se pagan. La planta de MIPYMES de Castilla y León necesita urgentemente aflorar su valor real ofuscado y negado por un cultura financiera obsolescente.
El futuro pasa por constituir redes de I+D+i+Transformación inimitables. Y son tanto más inimitables cuando se dan en la escala de las MIPYMES. Pasa por apostar a fondo por nuestras gentes y por la localización de la actividad económica. Castilla y León y León necesita apostar a fondo por su parque empresarial de MIPYMES, donde está el futuro, y para tal empeño tendrá que calzarse las botas para reorganizar la nefasta cultura del sector financiero, la nefasta cultura política antieempresarial de izquierdas y derechas y apostar por la enseñanza profesional y la reconsideración del sistema educativo universitario, degradado hasta niveles de infrautilidad.
En regiones como Castilla y León se dan todos los datos estructurales para alcanzar rendimientos de inversión superiores al 25% anual. No existe tensión social, de ningún tipo; el nivel de formación de la población es muy alto aunque de forma abstracta, lo que constituye un problema agónico; el nivel de renta no es hostil, se dispone de capacidad financiera; y tenemos territorio, agua, energía y clima. No se puede pedir más. Dicho de otro modo, nuestra renta familiar bruta está en 14.888,3 € para el 2003 cuando nuestra potencialidad apunta a los 25-30 mil euros anuales.
La razón de no estar en nuestra renta real, la que se corresponde con nuestro potencial, con nuestros datos objetivos, nos las proporciona la Gran Señora, el Poder Invisible, el amancebamiento de la clase política, los constructores y la élites financieras locales, que lo impiden, negando la movilidad social y rechazando o impidiendo cualquier instrumento que nos conduzca a tal propósito. A pesar de 25 años de transición se supone que de modernidad, en Castilla y León apenas existe movilidad social. Una generación tras otra reproduce el estrato social del que partió hace 50 años. ¿Economía abierta?
Nosotros aconsejamos como mejor fórmula para impulsar los Fondos de Inversión Local facilitar su liquidez para granjearse la confianza del público. La forma más eficiente es crear fondos cotizados en bolsa. A muchos les parecerá una aproximación en exceso intelectual al fenómeno de los fondos de inversión local. Pongamos un ejemplo de comportamiento de un Fondo de Inversión Local, al estilo más clásico con objetivos de rentabilidad puros y duros. Si se crea un Fondo con un capital social de 6 millones de euros. Se dedicarían:
Un 10% (600 mil €) para generar una unidad profesional de análisis de empresas, identificación de oportunidades y de asistencia económica y jurídica a las mismas.
Un 70% (4,2 mill. €) para tomar participaciones en las empresas
Un 20% 1,2 mill. €) de fondo de maniobra
Las participaciones en las empresas no debieran superar el 25% del capital social y debiera hacerse para reforzar la confianza en el territorio, en sus personas y en la propiedad de la empresa, al precio de valor de mercado y no a precio de rapiña. Tiene que hacerse para mejorar la percepción social y financiera de dicha empresa y ayudarla en su plan inversor, a crecer o apuntalar todos sus indicadores de supervivencia y crecimiento. Es el único criterio posible para proteger las tomas de posición del Fondo. El efecto que se logra sobre la empresa participada es que el resto del capital social, el otro 75% se revaloriza de manera inmediata reforzando la capacidad financiera de la empresa lo que será de utilidad para acometer las inversiones que son necesarias.
Veamos. Si se invierte en microempresas que facturan 300 mil euros. Su valor de mercado sería, un ejemplo, 300 mil x 7, es decir, de 2,1 millones de euros y el valor de un 10% sería de 210.000 euros. Si el Fondo tiene disponible, 4,2 millones de euros para comprometerse con la microempresas, podría tomar participaciones en el mismo porcentaje, un 10%, en 20 empresas, en un año. El impacto del Fondo actuando sobre 20 empresas en un par de años, se resume del siguiente modo: 20 empresas con un valor de mercado equivalente a la suma de su facturación, 6 millones de euros (300 mil x 20) se ha transformado en 42 millones (2,1 millones x 20). Una microempresa que factura 300 mil euros anuales puede acceder a una valoración de mercado en el mejor de los casos de 300 euros. Con la intervención del Fondo la valoración de la empresa se ha multiplicado por siete. ¿Quién sale ganando? No gana el Fondo en exclusiva, el Fondo lo que ha hecho es tomar un riesgo, quién gana es todo el territorio y todo el sistema, toda la cadena de valor y el PIB provincial. No será así, de manera automática, es obvio, pero la tendencia sí será esa. Las cosas valen lo que la gente quiere pagar por ellas. El precio del suelo o de la vivienda no tiene un valor objetivo único, vale lo que la gente quiera pagar por ellos. De igual modo ocurre con las empresas, valen lo que la gente quiera pagar por ellas y de momento hay un comprador, el Fondo, que ha decidido pagar por el 10% de cada una de ella un precio de mercado confiando en su criterio y en la rentabilidad de su inversión.
Hay que suponer que las aportaciones del fondo van a la caja social de la empresa y que complementadas con otra financiación generan una inversión equivalente a entre tres y cinco puestos de trabajo por empresa y un total de 100 puestos de trabajo nuevos. Si la elección por parte del fondo es buena hay que suponer que su toma de participación con las consiguientes cautelas en la gestión, al menos en un 80% de casos, serán un éxito. Las participaciones del Fondo se revalorizan en la misma medida que mejora la cuenta de resultados de las empresas participadas. Siempre que el aumento de la facturación esté por encima del precio del dinero la inversión habrá sido rentable. ¿Qué pasa si la facturación aumenta un 15 o un 20%? Pues pasa que la inversión ha sido muy rentable para el fondo y desde luego para la empresa, para sus trabajadores y para el territorio. Todos ganan.
Liquidez de los Fondos de Inversión Local
¿Cómo se hace líquida la participación en un fondo o cómo se transforman las acciones o participaciones en el fondo en dinero si ese es el deseo de un inversor?. De manera muy sencilla, cotizando el Fondo en Bolsa. El Fondo puede acudir a una ampliación de capital con un agente colocador en el territorio y capitalizarse de ese modo. Puede hacerlo colocando en Bolsa una parte del capital social. El valor de referencia de las acciones del fondo, también será útil como valor de referencia de las acciones de sus empresas participadas. ¿Qué hemos conseguido? Sencillo, hemos revalorizado todo lo que está vinculado con el fondo. ¿Pueden ir las cosas mal?. Desde luego, haciendo las cosas mal, identificando mal las oportunidades y con tomas de participación desastrosas. Las mayores oportunidades están en las actividades con potencial, bien por la calidad humana de los empresarios, por sus habilidades y oficio, por la calidad de sus trabajadores, por la cuota de mercado, por las infraestructuras, por la posición estratégica o competitiva o por todos los factores o alguno de ellos combinados. Una mala gestión o errática identificación de las oportunidades se puede transformar en un fracaso. Un fondo de inversión local de ningún modo se puede gestionar con criterios financieros clásicos. Requiere habilidades complementarias muy exigentes.
A los Fondos de Inversión Local, es cierto, se le pueden añadir otros atributos. Se pueden crear fondos de inversión local con funcionalidades de conversión de las participaciones y sus rendimientos en fondos de pensión con las correspondientes deducciones fiscales e incluso con deducciones fiscales superiores, considerando su ámbito de actuación o compromiso con la economía local. La agencia tributaria puede interpretar, al principio, que se quiere penalizar su capacidad recaudatoria. Cosa que efectivamente ocurrirá en el corto plazo. En le medio plazo, como se ha demostrado en estos casos, en periodos que nos exceden de 24 meses la actividad recaudatoria se compensa por el volumen de empleos que se genera y la calidad de los mismos.
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