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INFORME V. ELABORADO POR CAZURRA BIT
La Universidad negativa
Biblioteca San Isidoro. Universidad de León
E
l desfase entre las competencias profesionales de las personas egresadas de la Universidad y las necesidades del entorno económico tiene costes extraordinarios para la sociedad. Son costes que penalizan en primera instancia al individuo que padece dichos desfases. Sus honorarios decrecen en la misma medida que aumenta el desfase, hasta entrar de lleno en el ámbito del subempleo o desempleo.

Los costes de reprofesionalización o adecuación son soportados por el individuo en primer lugar y por las empresas en segundo lugar, aunque en términos objetivos es la sociedad la realmente penalizada por mantener un sistema altamente ineficiente que castiga la prosperidad como muy pocos factores lo logran. Hemos descrito el aspecto más general de
universidad negativa, la universidad que tiende a fracasar de manera universal en la formación de sus alumnos. Una gravísima ineficiencia con un responsable único: la sociedad o ciudadanos que mantienen y financian el sistema, que le dan su consentimiento y generan consenso para reforzarlo.

La asignatura de inglés acompaña al alumno a lo largo de todo el sistema educativo y, siendo así, es bien conocido que el sistema es un gigantesco fracaso, sin que unos y otros, expertos y sociedad, encuentren el momento para reflexionar sobre tan espectacular batacazo, los errores pedagógicos y las posibles alternativas. Estamos ante un fenómeno voluntariamente asumido, consentido y en el que todas las partes han hecho consenso para ignorar el fracaso, asumiendo la ineficiencia y soportando los costes con estrategias extracurriculares para adquirir el dominio de la lengua inglesa: viajes, cursos especiales o profesores particulares.

Se comprende mejor el fracaso de la Universidad, el desfase que produce entre la formación que proporciona y la que realmente se necesita, si se piensa que su fracaso es similar al que produce el sistema educativo enseñando inglés.

La
universidad negativa, la que fracasa y fracasando ella hace fracasar a todo el entorno, es visible desde otra perspectiva. El saldo migratorio de la provincia de León sigue siendo muy negativo. En 8 años, de 1995 a 2003, León perdió 12.175 habitantes por migración a otras partes de España. ¿Quién emigra, los más cualificados o los menos?. Es fácil imaginar que emigran los que en apariencia están mejor cualificados o tienen la percepción de sí mismos de que están mejor cualificados a razón de 1.521 personas por año. ¿Cuántas personas obtuvieron su titulación universitaria en el mismo periodo y que porcentaje sobre la totalidad de egresados representa la cifra de 12.175?. Es una pregunta que debiera tener contestada la Universidad de León. ¿Quién crea más empresas y servicios, riqueza y empleo, los egresados de la Universidad de León o los procedentes de la formación profesional?

El reciente informe,
Marco Estratégico del Sistema Universitario de Castilla y León de 19 abril 2004, realizado por la consultora GAP Management Consulting para la Conserjería de Educación de la Junta de Castilla y León, se entretiene valorando la poca adecuación entre la demanda y oferta de estudios con una excesiva capacidad de oferta por parte de la Universidad de León en 24 titulaciones y una adecuación al entorno socioeconómico baja y media para 37 titulaciones de un total de 44.

Poco se sabe de los criterios de adecuación al entorno socioeconómico que maneja
GAP y hay que temerse lo peor. Poco se sabe también de los criterios de GAP para valorar la adecuación de la oferta a la demanda. Nadie sabe qué Universidad tiene en la cabeza GAP, quizá la de los años 70 (un profesor para tropecientos mil) y una universidad con oferta de títulos reglados que nadie necesita.

En todo caso, de sus datos se infiere un potente desfase y diera la impresión de que la
Universidad de León tiene como principal meta educar para la emigración o enajenar los elementos estructurales que podrían generar valor añadido en la provincia (emigración de las personas más valiosas). Actividad que se realiza con la total complacencia de los ciudadanos de León, de los expertos de la Universidad y de los propios alumnos.

Es de este modo como la Universidad se comporta de manera negativa, institucionalmente de manera negativa, con un impacto muy negativo sobre la estructura social y económica del entorno, con el consentimiento y el aplauso de todos. ¿Qué papel juega la Universidad en la construcción de tejido económico?. ¿La Universidad de León genera emprendedores, genera cultura creativa o base social para una oferta creativa?. ¿Dónde están los vínculos de la
Universidad de León con el entorno empresarial y cultural?. Estamos hablando de vínculos serios, estables y asumidos por las partes. Se lamenta la Universidad de León de no tener socios empresariales de su tamaño y seriedad, despreciando que las empresas siendo pequeñas o muy pequeñas pueden en buena lógica dejar de serlo y crecer para convertirse en socios de su tamaño. ¿Quiere asociarse la Universidad de León con lo que no existe?. ¿Y si lo que existe no es de su tamaño intelectual (?) mantendrá los brazos cruzados como hasta ahora?. ¿Y si el problema verdadero fuera que la Universidad de León no tiene tamaño intelectual de ningún tipo, cero, y no por falta de competencias sino por animar y alimentar una percepción de la realidad y de sí misma delirante?.

La
Universidad de León es una institución ausente. Ausente de la realidad y nada consciente de constituir quizá el problema estructural más grave que aqueja a la provincia de León. Y aún más que ausente, hostil (negación de la bandera de León). Ni tan siquiera se siente de aquí, se comporta como una institución aterritorial, atemporal, sin objetivos y sin cuentas que rendir. Y es así porque así quieren los leoneses que sea. Los leoneses quieren y desean con todas sus fuerzas una universidad negativa, la que felizmente tienen en justa correspondencia a sus deseos.

Es cierto que las universidades, algunas, han jugado un papel motor de los territorios donde tienen su sede. Algunas universidades han sabido catalizar le espíritu de una época y después han entrado en una fase de letargo. Otras, han mantenido de manera constante un espíritu fresco y proactivo ante la ciencia, la cultura y la economía a lo largo de toda su historia. No es el caso de la mayoría de las universidades españolas y tampoco de la
Universidad de León, que se comporta como una institución ausente, pasiva y entregada a la única estrategia que conoce, dejar pasar el tiempo.
¿Convendría desperezar la Universidad?

Convendría, claro que convendría, el problema es cómo. Y el problema se multiplica cuando se sabe que las partes implicadas no quieren oír hablar del asunto. Los alumnos no quieren saber nada, les basta con planificar correctamente el fin de semana y llevar a casa las notas. Harán lo que digan sus padres. Los padres tienen bastantes problemas con llegar a final de mes, hacer frente a la carga hipotecaria, cambiar de coche, planificar las vacaciones y dar cuerda a sus trasnochados modelos sociales. Los expertos, por último, la comunidad académica, está tan atenta a sus méritos académicos relacionados con la nómina, que cualquier otra cosa, por muy noble y creíble que fuere, será siempre a sus ojos una zarandaja al lado de los obligatorios e interminables preparativos y maniobras para consolidar o mejorar su posición individual y de grupo en el sistema burocrático educativo. La universidad está consagrada a sí misma, vive fuera del mundo y repudia modificar su estatus.

Los funcionarios, por su propia naturaleza, están adiestrados para mejorar su posición dentro del sistema, en ningún caso para cuestionar, transformar y perfeccionar el sistema. Necesitan un sistema y todo movimiento que implique su revisión les produce una profunda desazón. Prefieren la insatisfacción constante y un sistema en fase de gangrena a la ansiedad que les produce una revisión intelectual del fracaso en el que está sumido el sistema universitario español, y en buena medida el sistema universitario europeo y continental.

La Universidad en general y la de León en particular, es una institución tan sumamente compleja que cambiará, podrá cambiar, cuando se vea sometida a una profunda presión social. No es el caso. Todo indica que la Universidad no puede cambiar desde dentro o no puede ser salvada desde dentro. El sistema no lo permite. Los expertos, la comunidad académica, por sí sola, en
España, han dado sobradas muestras de impotencia. El sistema es lo suficientemente sólido como sólidos e inquebrantables son los mecanismos que la mantienen atada de pies y manos. Los estatutos por los que se rige la Universidad Española, son elocuentes por sí solos. Están consagrados al “todos quietos” y a la imposibilidad de cualquier cambio.

Solamente una fuerte presión social, externa a la comunidad académica (docente e investigadora), hará posible:
Su reorganización para dejar de expedir títulos anacrónicos con muy débil funcionalidad social. Es un problema general de la Universidad Española.
Enfocar su actividad hacia la formación por competencias, específica y sofisticada, pactada con el entorno y con el alumno.
Establecer una división clara entre formación para inyectar directamente en el entorno y formación para forjar docentes e investigadores.
Pensarse a sí misma con criterios de utilidad pública en coordinación con el entorno, del que tiene que obtener apoyos.

La
Universidad de León en su actual configuración y misión seguirá teniendo un impacto muy negativo en el territorio, a corto, medio y largo plazo. Su misión es claramente destructiva y sobre todo autodestructiva. ¿Si empobrece el entorno, qué futuro persigue?. Se instrumentaliza a los jóvenes creándoles la ilusión de que están siendo formados para ser útiles al entorno, se les engaña obligándoles a consumir años cruciales de su vida y se derrocha gigantesca energía social, que va más allá de los costes económicos y que no se repone por ninguna otra vía.


Ecosistema disolvente

La universidad como institución de gran tamaño, con un peso absoluto y simbólico muy fuerte dentro de la provincia, se conduce con indicadores muy bajos de creatividad que se une al de otras instituciones para conformar un ecosistema cultural perezoso y vegetativo. Y son los ecosistemas creativos el caldo de cultivo donde surge la riqueza. Tan creativo es diseñar una buena máquina herramienta, aislar una molécula, componer una canción o planificar una intervención estética por muy fugaz que pueda parecernos, crear una empresa, crear un asociación deportiva, arrancarle a la tierra sus mejores alubias o autoemplearse. El mundo en todas las partes consume la misma materia prima, talento y determinación. El talento es una mixtura entre habilidades propias y adquiridas (desarrolladas por el sistema educativo) y la determinación un producto de actitudes y habilidades sociales (soluciones , procedimientos y estructuras) que fomentan la disciplina, la seguridad personal, la confianza en el futuro y la cultura del riesgo.

Richard Florida en The Rise of the Creative Class [El Surgimiento de la Clase Creativa], postula que muchas personas altamente creativas, sin importar su origen étnico, sexo o condición social, crecieron sintiéndose aislados, diferentes en algún modo de sus compañeros de clase. Es una ideación cultural que abunda en el estereotipo de que la creatividad y la innovación la producen personas no-estándar. Sin descartar la validez del estereotipo, es más cierto que nuevas actitudes convertidas en habilidades sociales, voluntariamente asumidas, defendidas con disciplina y planeamientos coherentes, son mucho más beneficiosas en términos de creatividad, a medio y largo plazo, que abandonarse al surgimiento de mentes o individuos privilegiados por los mecanismos tradicionales de selección natural. En un medio hostil ese tipo de individuos no prosperan y León y la Universidad de León es un medio estructuralmente hostil a la creatividad y la innovación.
INFORME IV. Preservar el linaje y resolver el problema demográfico
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INFORME III. Hacia una propiedad de calidad
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INFORME II. El enigma del fracaso comercial
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INFORME I.
INFORME I. La palanca moral
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