INFORME II. ELABORADO POR CAZURRA BIT El enigma del fracaso comercial
Black Lunch Bag, 2000. Laura Evans
L
A NATURALEZA comete actos aleatorios de violencia insensata, desde plagas transportadas por el aire como el virus de Ébola hasta el caos provocado por el fenómeno de 'El Niño'. A veces, claro está, la naturaleza recibe un poco de ayuda de nuestra sociedad altamente sofisticada, al menos en apariencia, que nos brinda males de todo tipo y entre ellos el desarme comercial a gran escala sufrido por España en los últimos quince años, que no es otra cosa que el desarme económico y estructural de España y que se manifiesta con más crudeza en las provincias económicas más atrasadas y débiles, léase León, para hacerlas más débiles y atrasadas.
Vivimos en una era maximalista, de extremos, de fragmentación y polarización, en la que el extremismo se ha convertido en el primer recurso en vez del ser el último. El desarme comercial de España y de León, un desarme maximalista y violento por la envergadura y por la rapidez, es otra cara, una más, del desarme industrial, agrícola y cultural; es otra cara del desarme, a la postre, intelectual de España.
Nos desarmamos porque estábamos intelectualmente derrotados, porque nuestras estructuras y, sobre todo, nuestros reflejos fueron parasitados previamente por nuestra indigencia intelectual y cultural. Nuestra cultura empresarial estaba anclada en épocas pretéritas y nuestras minusvalías políticas campaban por sus respetos en partidos políticos de izquierdas y de derechas. Lo ocurrido con nuestra estructura comercial es el resultado de un único problema: incompetencia global de España y de los españoles y por tanto de los leoneses.
La línea editorial de Playboy parasita la política, la economía y las finanzas
Las empresas, se nos dijo desde todo tipo de Consultorías que inundaban con sus opiniones y sesudos estudios los medios de comunicación, necesitan tener tamaño. El tamaño de una empresa era asunto de vida o muerte. Si tenías tamaño podías sobrevivir. El I+D, las necesidades logísticas, financieras y competitivas se superaban con tamaño y de ese modo fue como todas las escuelas de negocio, nuestras facultades, nuestros periódicos y nuestros partidos políticos y sindicatos, sustituyeron el sentido común, nuestras necesidades estructurales, las reales, por ideaciones económicas inspiradas en la revista Playboy: la cosa económica empresarial y comercial, era y sigue siendo, en buena lid, todavía hoy, "una cuestión de tamaño".
La ecuación era sencilla, el tamaño empresarial desencadenaba necesidades comerciales nuevas que aconsejaban la concentración comercial y la conveniencia de las grandes superficies comerciales. Silogismo fácil de hacer y que se correspondía con la dominante cultura del automóvil (a comprar se va en coche). A reforzar dicha estrategia llegaron las interpretaciones antropológicas interesadas. Las citamos:
Libertad de horarios. Aportar horarios comerciales compatibles con el horario laboral y los días de descanso.
En defensa de la mujer.La mujer incorporada al mercado de trabajo debía comprar, ineludiblemente, en fin de semana, en coche y en una gran superficie comercial.
En defensa del consumidor. La gran superficie comercial estaba al servicio del consumidor, al que proponía una oferta comercial inimitable en su entorno geográfico.
En defensa de las empresas. Podrían llegar a más gentes con redes de distribución más sencillas.
En defensa de los municipios. A los que modernizaba con su sola presencia.
Estamos hablando de una gigantesca mentira, sin pies ni cabeza, que ha hecho multimillonarios a muy pocos; que ha destruido tejido industrial y comercial a espuertas; que ha ocasionado daños estructurales de muy difícil reparación; que representa una gigantesca hipoteca para las zonas en recesión (como León) y que está destruyendo la funcionalidad de nuestras ciudades, sobre todo de las pequeñas ciudades.
Son los platos rotos que estamos pagando por dar pábulo a argumentos estrafalarios extraídos de "Playboy" y cual cenutrios, hacer oídos sordos, al sentido común, a las leyes de la física y a nuestros legítimos intereses.
Punto por punto
Justo es reconocer que las grandes superficies comerciales y sus respectivos animadores académicos, políticos y periodísticos, han cumplido sus objetivos con creces. Cosa bien distinta es que de su éxito se derive beneficio algunos para todas las partes excepto para los dueños de las grandes superficies. Veamos:
Libertad de horarios. La libertad de horarios es el único argumento que de verdad ha tenido sentido en todo el proceso y al que erróneamente se ha opuesto nuestro comercio atrapado en ideas decimonónicas y estúpidas sobre la función social de su actividad. Lo que necesita el pequeño comercio, precisamente, es libertad de horarios. Abrir y cerrar cuando mas le convenga sin importar la hora, el mes o el día de la semana.
Contra la mujer. La pretendida defensa de la mujer se ha convertido como era fácil de imaginar en una condena. Desplazamientos estúpidos, pérdida de tiempo, despersonalización y pésima atención.
Contra el consumidor. Son grandes estructuras diseñadas para atraparle, hacerle perder el tiempo, despersonalizarle y vapulearle. Su único objetivo es atrapar consumidores que venden con procedimientos mafiosos a las empresas proveedoras.
En defensa de las empresas. La pequeña empresa ha sido destruida por las grandes superficies y, si no destruida, sí ahogada. Las medianas y grandes empresas están siendo extorsionadas, sistemáticamente, por las grandes superficies con las estrategias mas variadas: venta a pérdida, promociones salvajes que pagan las empresas proveedoras, fianzas mafiosas, pésima gestión de mercancías y rotaciones, favoritismos, extorsión en los pagos y marcas blancas destructoras de los activos del tejido industrial.
En defensa de los municipios. Los estragos producidos en algunas ciudades han sido colosales, despersonalizando el entorno urbano, robándole una funcionalidad histórica y característica, la de proveedor de las más variadas necesidades de sus habitantes, reorganizando el trafico rodado y deteriorando el valor patrimonial de las propiedades de sus ciudadanos y por lo tanto del valor patrimonial de la ciudad. Caída del valor de los inmuebles y derrumbe del valor simbólico y funcional de la ciudad.
Los mecanismos de extorsión a las empresas proveedoras han llevado a la bancarrota a una parte no despreciable de nuestro parque empresarial y al resto, incluso a grandes empresas, lo han puesto contra las cuerdas con la estrategia de las marcas blancas, de efectos letales sobre la capacidad económica de las empresas, al llevar sus inversiones en la propia marca al valor cero.
El efecto sobre las pequeñas empresas ha sido demoledor. Por un lado no tienen acceso a dichas superficies porque no pueden soportar los costes de sus procedimientos mafiosos y por otro no disponen de una red alternativa una vez, que su presencia, ha destruido sin piedad ni conmiseración, con el concurso de una sociedad vencida y narcotizada por la luminaria, dichas redes.
La sociedad española ha descuidado tres axiomas aplastados por la ignorancia general y la derrota intelectual. 1) Para ser grande hay que ser primero pequeño; 2) En contadas ocasiones una empresa nace grande; y 3) Las empresas pequeñas también realizan I+D y cuando se trata de alta tecnología y/o transformación científica, son las únicas que lo realizan eficientemente.
La evolución de las ciudades en los últimos años está recuperando la deriva que nunca debieron perder, la escala humana, en su tamaño, volúmenes y funcionalidad, con lugares complejos de encuentro y un estilo más compacto e integral y no parcelado por tareas o misiones (zona industrial, residencial, de compras, de educación, energética, de infraestructuras...). Las ciudades que necesitamos no tienen nada que ver con las grandes superficies. Y sirva como ejemplo el espectacular éxito de ZARA desplegando una red comercial sobre el casco urbano de la ciudad, aprovechando el fenomenal potencial de una ciudad comprendida como un todo funcional e histórico.
La voladura de la red comercial clásica
La presencia abusiva de grandes superficies está actuando como una guillotina cruel e implacable sobre nuestra estructura económica, sobre todo en el terreno alimentario. Desde el punto de vista económico somos una provincia extractiva. Somos productores de nutrientes, nuestra materia prima, que arrancamos a la tierra. Nuestra mejor alternativa económica es transformar lo que producimos, para multiplicar, de manera inmediata, nuestro valor añadido y nuestro PIB. Pues bien, nada de eso es posible, no importa las inversiones que se realicen si el fruto de la transformación no dispone de redes comerciales para llegar al destinatario final.
Las redes comerciales están actuando como un factor estructural estratégico. Eso es lo que está ocurriendo, que el mercado más cercano, está vedado para las empresas pequeñas locales. Las redes alternativas de tiendas convencionales, en fase de extinción y otras nuevas, especializadas, son claramente insuficientes para actuar como alternativa a las actuales redes de comercio que atrapan al gran público, entre grandes superficies y cadenas alimentarias. Las grandes superficies comerciales y las cadenas de alimentación se comportan como murallas infranqueables, al servicio de otros intereses, que ya sabemos nada tienen que ver con los de la mujer, el consumidor, las empresas o las ciudades.
Las ciudades del mundo entero están asistiendo a una reorganización comercial dirigida por grandes empresas con redes de comercialización integradas en la vieja ciudad funcional. Las nuevas redes comerciales, franquicias o puntos de venta directos de la casa matriz compiten con las desintegradas redes convencionales de autónomos, especializando su oferta, mejorando su servicio y adaptando su oferta de manera más eficiente a los cambios antropológicos en todos los rangos de la actividad humana.
Son redes que se caracterizan por dos acontecimientos, son actores del cambio, lo impulsan y lo promueven, y se adaptan con rapidez a cualquier cambio que otros actores promueven. Las redes desestructuradas de autónomos y pequeños empresarios, al servicio de sociedades inexistentes, extinguidas, se están desintegrando sin nada que lo remedie.
La red comercial clásica, ha sido dinamitada. Un cuarto de siglo ha sido suficiente para su voladura incontrolada. En sustitución de la misma, acuden las grandes redes comerciales, las grandes superficies y los centros comerciales. Al despreciar los factores estructurales y estratégicos que se derivaban de tal circunstancia, la sociedad española amputó todas sus posibilidades para que nuestras pequeñas empresas se transformaran en grandes, interrumpiendo el ciclo de creación de nuevas empresas o ralentizándolo hasta el absurdo. Las consecuencias las conocemos.
Intervención estratégica
Existen variadas posibilidades de intervención en atención al factor estratégico de las redes comerciales y en defensa de los derechos de los ciudadanos. Señalamos aquí las más importantes:
GRANDES SUPERFICIES Y CADENAS ALIMENTARIAS
Libertad de comercio. Medidas draconianas para imponer el libre acceso de los proveedores locales a dichas redes, cuyos productos o servicios disfrutarán de igualdad de condiciones para el consumidor final desde el punto de vista de la información y la accesibilidad.
Prohibición taxativa de las marcas blancas.Nada justifica la existencia de marcas blancas.
Extinción y prohibición de las grandes superficies comerciales.La prohibición se harían en orden a dos factores: a) multiplican grautitamente los problemas de seguridad (catástrofes, estragos y terrorismo), y b) destruyen la funcionalidad de las ciudades, haciéndolas incómodas, feas y frías.
REDES COMERCIALES (TIENDAS PROPIAS Y FRANQUICIAS)
En defensa de los autónomos y el pequeño comercio. Favorecer la asociación de intereses entre tiendas, empresas, diseñadores o creadores para constituir marcas propias y estrategias duraderas para acompañar los cambios antropológicos o liderarlos.
Las redes comerciales constituyen un factor estratégico de primer orden. España y León necesita renovar sus habilidades sociales y ordenar sus estructuras siendo consecuentes con nuestras necesidades reales, con el sentido común y al margen de ideologizaciones ridículas que prosperan y han prosperado aprovechando nuestra derrota intelectual.
Las soluciones duraderas y verdaderas no sobrevienen por la constitución de centrales de compra o centrales de venta (grandes superficies). Las soluciones reales sobrevienen por la constitución de alianzas estratégicas que generen tejido social, industrial, comercial y financiero, generando valor añadido. Las mejores soluciones son las que generan más valor añadido.
No hay que temer por la inviabilidad de las grandes superficies o las grandes cadenas comerciales de alimentación tal como hoy las conocemos. Son dañinas en su actual estado. Serán sustituidas por otras que respondan mejor al patrón que aquí hemos enunciado. La razón de ser de las grandes superfices comerciales tal como hoy las conocemos, es financiera, se trata de un negocio específicamente financiero. Pues bien, para dicho viaje no necesitamos tanta alforja, ya tenemos a los bancos y otras entidades. Su extinción constituiría un balón de oxígeno para la cautividad económica general.
Las grandes superficies comerciales tiene su origen en la cultura de la brea. La civilización del hidrocarburo, la constituida en el siglo XX, ha generado un tipo de urbanismo, a escala del coche no a escala humana, y su correlato en hábitos sociales. De eso se discute. Del triunfo arrollador del necio sobre el sabio. La cultura de la brea ha dado de sí todo lo que cabía esperar de ella. Se ha revelado altamente ineficiente, dañina, molesta y grosera. Toca desplegar otra estrategia de medir y cambiar el rumbo.
[c] COPIALIBRE. Autorizada su reproducción. No es necesario citar la fuente. Cazurra Bit se inspira en seis principios: 1) ¿dar puntada sin hilo?; 2) si te muerdes mucho la lengua te desangras; 3) el futuro nunca espera; 4) el País Cazur; 5) la transparencia es bella; y 6) esto no es jauja