El fin de la anestesia El Gran Nigromante 01·12·2004
Caricatura de Aznar
LA COMISIÓN del 11-M se debatía entre la anestesia y el encefalograma plano. Sin saber qué. Para los ideólogos, la comisión es un pestiño porque hace tiempo que tienen redactadas las conclusiones. Para los despistados, la comisión es lo que es, una tortura indescifrable. Para los aprovechados, la comisión es un instrumento para zaherir al rival si se dispone de habilidad para elegir bien la casamata desde la que disparar y esquivar las balas enemigas. La comisión, en suma, había entrado en una vía mortecina. Estaba en derribo. Le proporcionó algo de oxígeno las revelaciones recientes de la prensa. Ayer finalmente, el expresidente del gobierno, le insufló la proyección histórica que necesitaba. ¿Recogerán el guante los comisionados?. Las vibraciones no son buenas. Son muchos los intereses creados para ahogar la verdad. El PP, quizá, recupere aliento y se tome mucho más en serio su trabajo de investigación. Es muy difícil saber lo que harán grupos pequeños que no forman parte de la coalición gubernamental. Están atrapados en sus prejuicios y no parece que disfruten de cintura suficiente para servir a la verdad aún a fuer de destruir, sino mellar, algún estereotipo en el que militan. Es de temer que con mayor motivo quieran darle finiquito los miembros de la coalición gubernamental. De otro modo Aznar, no reveló en su comparecencia nada que no se supiera. Aznar produjo un terremoto entre los españoles que necesitaban asentimiento o confirmación de si lo publicado y revelado era verdad. Se ha producido un cataclismo.
MOSCAS(5 nuevas tiras) Karlos | León | 01-10-04 Humor animado y un poco sucio. Un excelente trabajo.
LA PROCESIÓN VA POR DENTRO Monos de repetición Antonio Yuste 01·12·2004
11-M visto por Zerramos (humorista brasileño)
ENTRE el Aznar convence y el Aznar de siempre, los medios de comunicación se adscribieron a una u otra interpretación, según la orientación ideológica. ¿Piensan de igual modo los electores y los respectivos lectores?. Los españoles, poco a poco, están sabiendo toda la verdad y Aznar, ayer, reforzó la convicción de que existió una conspiración. Los españoles, al margen, totalmente al margen de los titulares de prensa y de los editoriales, como si no existieran, nos debatimos entre tres actitudes. Los que se pasan de cínicos y afirman que la política es lo que es y que de nada hay que extrañarse, con conspiración, masacre o sin ella. Los que padecen una sensibilidad de izquierda y tienden a justificar, es algo genético, la violencia terrorista, como extensión de la muy famosa violencia de clase (clase social) y encuentran ociosas todas las decisiones para batir al terrorismo, que consideran añagazas del imperialismo y el sionismo. Los que estamos literalmente aturdidos por lo ocurrido y no sabemos por dónde empezar, qué decir, cómo contarlo, qué hacer y cómo somatizar lo ocurrido.
Las adscripciones ideológicas han dejado de funcionar. Los titulares de prensa han dejado de operar como interventores de la opinión pública. Las cifras de audiencia de la comparecencia pública dan buen testimonio de lo que decimos. No hay mediación posible entre los hechos y los españoles. Sabemos lo que tenemos que saber y nuestro debate ha dejado de ser ideológico, para ser intrínsecamente moral. Es el nudo del problema y de la pesadilla. Todo los demás son pamplinas. ¿Qué España podemos contar a nuestros hijos, qué España nos podemos contar, unos a otros, mirándonos a los ojos y qué España podemos contar a todos cuantos nos observan allende las fronteras?. Después de la comparecencia, el partido político x y el partido político y, y los grupos mediáticos pueden especular lo que quieran. Entre todos no variarán ni un ápice la tensión moral de nuestra sociedad. Los españoles tenemos sobre los hombros la pesada carga de la responsabilidad histórica. Si cerramos en falso un episodio de tan extraordinaria gravedad, estamos apostando por la cristalización de la insidia y la depravación en nuestra convivencia.
Los españoles, en tanto que ciudadanos, somos los únicos responsables de lo que ocurra. Es la cruz de la transparencia. La transparencia obliga. Y se llegará hasta la verdad si los españoles decidimos que se llegue. No podemos desviar, como hemos venido haciendo hasta la fecha, la responsabilidad de la verdad a éste o aquel político. Ya no funciona. La procesión, y es la peor procesión, va por dentro.
El día 29 de noviembre de 2004 pasará a la historia como el fatídico día en que los españoles se dieron de bruces con el espejo. No había nadie atrás, ni a la izquierda, ni a la derecha, ni arriba o abajo. Aquí y enfrente éramos el mismo. En el día de hoy, 30 de noviembre, los españoles nos hemos adscrito, para ganar tiempo, a una u otra tesis transmitida por los medios de comunicación, de manera mecánica y para huir de nuestra zozobra, de la encrucijada moral en la que hemos sido atrapados. Balbuceamos y repetimos hilos argumentales de manera paródica como monos de repetición. Los españoles al día de hoy, de momento, seguimos ocultándonos, ocultándonos moralmente.
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