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Habrá explosión demográfica. España se hará multicolor y de los 50 millones de habitantes que España tendrá en el 2025, 12 procederán de otras culturas si se tiene en cuenta que de los actuales 41.660.702 habitantes, 1.647.000 son emigrantes según el INE. ¿Cuántos de los nuevos habitantes tendrán derecho de voto?. Cabe suponer que en el 2025 representen un 20% de la población. No es previsible determinar el grado de participación, pero en adelante, tendremos que acostumbrarnos a partidos o a coaliciones que representen a grupos de emigrantes y a la presencia multicolor en nuestras listas. Para impedirlo sería del todo necesario variar nuestro código civil y los requisitos para alcanzar la nacionalidad o el derecho al voto, poniendo el énfasis como hacen los países del Norte y Centro de Europa en la procedencia de sangre por varias generaciones. La otra vía para impedir la presencia de población emigrante en las listas electorales es por la vía declarada del racismo y la segregación práctica. Algo así, como tienes derechos pero te los comes. Un crecimiento tan agudo y en tan poco tiempo tiene que ser impulsado, necesariamente, con políticas migratorias activas y para el caso de España, todo indica, que no existe mejor política que eliminar barreras y controles que impidan el acceso de inmigrantes a nuestro país. La otra parte de dichas políticas es generar de manera activa infraestructuras civiles y procedimientos administrativos ágiles y eficientes consecuentes con la nueva estrategia, para asentar al aluvión de emigrantes que se corresponde con las nuevas estimaciones. El importante giro dado a este delicado asunto, respecto al gobierno de Aznar, y el momento en que se ha hecho pública, en plena oleada de pateras, con el efecto reclamo que tendrá en los países emisores de emigración, solo puede interpretarse como fruto de una decisión estratégica largamente madurada con pocas posibilidades de ser revertida al menos en una legislatura. -publicidad El Púgil------------------------------------
Desde el punto de vista estratégico es muy difícil valorar el alcance de dicha decisión en su arista cívica, cultural, jurídico política y económica. Cabe suponer que los impulsores lo han hecho por nosotros. En cinco años, los problemas derivados de una avalancha migratoria, improvisada en todas sus variantes, bien puede transformarse en problemas de convivencia y seguridad angustiosos, cuyas consecuencias se transformarían en un cuarteamiento del electorado del PP y en la emergencia, es más que probable, de un fracción a su derecha. No cabe descartar que el día de la explosión demográfica esté inspirada en una maquinación electoral para crear problemas al rival o distraerle de otros asuntos. Jean Marie Le Pen fue un monstruo creado por Mitterrand y Felipe González lo ensayó con Jesús Gil y Gil. > ¿Políticas de integración o convivencia? ¿Tiene previsto el actual gobierno el establecimiento de políticas que primen más una procedencia que otra, en razón de los vínculos históricos o en razón de la identidad cultural o religiosa?. Favorecer, por ejemplo, más la emigración procedente de Iberoamérica que la del Magreb y más la subsahariana que la del Magreb. ¿Es posible y deseable?. Optando por la eliminación de barreras de entrada, la presencia de magrebíes y subsaharianos tenderá de manera inmediata a ser dominante por proximidad y facilidad de llegada. La razón de nuestra especulación no es a vuelo de pluma porque lo que está en juego son políticas de integración o políticas de convivencia. La política de integración es una política inspirada en el objetivo de asimilación o inculturalización en nuestras costumbres. Es una política seguida por España y Francia y en general por los países latinos o católicos. Las políticas de integración son más ambiciosas, más agresivas y opresivas, menos respetuosas con el legado cultural del emigrante y tienen a evitar la heterogeneidad. La heterogeneidad tiene fecha de caducidad programada en las políticas de integración. Hay que decir que son las políticas preferidas de la izquierda y la derecha latinas. Se conjuga acceso a todos los beneficios sociales y políticos (fácil acceso a la nacionalidad) de nuestras sociedades a cambio de la asimilación cultural o dejación de sus formas culturales e incluso religiosas. Las políticas de convivencia persiguen la acomodación fácil y rápida de la población emigrante sin la presión obsesiva de la integración. Son un conjunto de medidas y previsiones que facilitan derechos básicos, que no se plantean la inculturalización y son más restrictivas con los derechos políticos y sociales. Las políticas de convivencia pueden contemplar incluso estatutos políticos específicos para barrios étnicos con instituciones propias. En la práctica, las políticas de integración se están revelando mucho más conflictivas de lo previsto y moralmente más cuestionables, pretenden la extirpación quirúrgica de las raíces culturales, son unilaterales e implican la suspensión de juicio de las poblaciones emigrantes con su correspondiente dosis de violencia psicológica y emocional. Las políticas de convivencia, al revés que las de integración, son más respetuosas con el legado cultural de las poblaciones emigrantes y facilitan al emigrante un más fácil y suave aterrizaje en nuestras sociedades libres. Aportan la defensa y protección legal de nuestro ordenamiento jurídico político, alejando el peligro de su desnaturalización por la vía de los votos y facilitan una mayor modularidad en las políticas a seguir con las distintas comunidades en función de su origen étnico o cultural, el nivel de empatía que despiertan, de tolerancia social y del esfuerzo que realizan para compartir nuestros objetivos vitales. Las políticas de convivencia parten de la heterogeneidad y las de integración de la homogeneidad. Exactamente al revés de lo que sus promotores calculan. Sobre el terreno las políticas de integración, siempre paternalistas, ejercidas sin disimulos desde la supremacía, se transforman en la práctica, más allá de la retórica y las proclamaciones, en políticas de discriminación activas con altas dosis de beligerancia (caso francés), impidiendo el paso que en buena lógica corresponde a los emigrantes, a cualquier zona de responsabilidad en las estructuras del estado y en la organización social y civil. Es imposible conjugar libertad religiosa y de opinión con inculturalización agresiva. Objetivos tan antagónicos cosechan siempre el mismo resultado, gran animadversión en las poblaciones emigrantes afectadas. El emigrante accede cómodamente a los servicios que interpreta en clave de derecho y renuncia, explícitamente, con sus actos a las obligaciones. El comportamiento de importantes núcleos de población islámica deja poco margen para la duda. Es fácil simular integración y respeto al ordenamiento democrático de nuestro país y no renunciar, en el mismo acto, al amparo de la multiculturalidad y la libertad religiosa, a presionar sobre nuestro ordenamiento legal para desnaturalizarlo y extraviarlo por rumbos trasnochados y decimonónicos. Las políticas de convivencia parten de un hecho cierto, es muy difícil, antropológicamente hablando, reorganizar los valores culturales, cuando se tiene la cabeza en la época medieval o en el neolítico y los pies en la economía del conocimiento. Es extremadamente difícil y conviene a todos ser más humildes en los objetivos de integración y apostar por políticas de convivencia bien moduladas considerando la raíces culturales y los comportamientos individuales. Los objetivos de integración, censurables, en el fondo y en la forma, debieran ser descartados en su totalidad > El futuro Como parece que nos enfrentamos inevitablemente a un mundo multicultural por razones estratégicas poco y mal enunciadas, a la sociedad española le corresponde tomarse el nuevo rumbo con más cuidado y tino y hacer el esfuerzo de comprensión que un fenómeno tan complejo introduce en nuestro modelo de vida. No estamos ante un tema menor. Estamos ante un tema muy serio, la importación de células con carga genética y memética. Un meme según Richard Dawkins, prestigioso científico de la evolución, se comporta como un gen egoísta, es una idea de origen cultural que se transmite y autoreplica. Nos enfrentamos a un choque de culturas que no podremos resolver como lo hicimos antaño, con la expulsión. Los emigrantes de no importa qué procedencia, vienen para quedarse y, por una u otra razón, todo indica que los necesitamos. Tendremos que acostumbrarnos al choque visual y organizar la convivencia y la diversidad para proteger, al mismo tiempo, nuestro ordenamiento jurídico y político, nuestro sistema de valores, y derechos básicos de la población emigrante. Afectará a nuestro sistema educativo, sanitario, civil y a nuestro sistema económico. No conviene tomárselo a broma en evitación de males mayores. Desde el punto de vista de la seguridad, los flujos migratorios son tanto más interesantes si están bajo control. A ningún sistema de seguridad le atrae o conviene, importantes partidas de población irregular fuera de control. En este apartado las políticas de convivencia, más modulares, facilitan el control, sin excesivas cargas políticas o económicas. ------------------------ Texto: Hermógenes Lailo
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