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EL MERCADO DE VOTO
El triunfo del elector
entre ciego y sordo
Cazurra Bit | León | 01-09-2004
Estatua de la Libertad en periodo electoral
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En los periodos electorales todos, sin distinción, nos convertimos en disminuidos psíquicos adictos al fieragrás |
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Así es como el mundo se puede organizar, a placer, en un mitín e incluir Marruecos en la OTAN, Libia en la Unión Europea y España en la Liga Árabe, a mayor gloria del Forum Barcelona |
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Bien sabemos todos que no se trata de un mal específicamente useño (USA). La adicción a las soluciones rápidas y fáciles es un mal general. Se reproduce con similar encarnadura en todos los países libres, con liderazgos de uno y otro signo, de acusada tendencia hacia las proclamas y las recetas milagrosas a base de fieragrás. El mercado electoral se ha ido convirtiendo poco a poco en una feria de bálsamos y mejunjes milagrosos, donde actores viejos renuevan la confianza de los electores con formulas milagrosas a medio camino entre la astrología y lo paranormal.
Los hechos y la realidad, como es natural, siguen su curso al hilo de decisiones más o menos acertadas, más o menos erráticas, y como expresión del quehacer global, más o menos sensato dependiendo de quién sea el observador. Sabemos que tal cosa es así, excepto en los periodos electorales donde todos, sin distinción, nos convertimos en electores entre ciegos y sordos, una suerte de disminuidos psíquicos, adictos al fieragrás.
En el mercado electoral se pugna por la conquista del elector entre ciego y sordo, al que conviene dirigirse con proclamas balsámicas, lugares comunes y vivas a Pancho Villa. Un candidato que diga la verdad, que describa la naturaleza de los problemas, sin ser necesariamente triste o pesimista, está condenado al ostracismo sin misericordia y de por vida. Los problemas, en cualquier campaña electoral, son aquella cosa que tienen los otros candidatos alzando, para regocijo general, un frasco de fierabrás.
Así es como el mundo se puede organizar, a placer, en un mitín e incluir Marruecos en la OTAN, Libia en la Unión Europea y España en la Liga Árabe a mayor gloria del Forum Barcelona y para mayor disfrute de unos cuantos millones de electores a los que hace enorme gracia un mundo exótico, sin historia y sin gentes, organizable como un antojo. Es así, como se meten emigrantes en nuestro territorio, porque ellos, a secas, son nuestra salvación de manera lineal y consistente, sin contraindicaciones. Es así como entramos en la guerra de Irak, sin dar explicaciones y ocultando los gravísimos problemas, naturales y lógicos, asociados a un cambio de régimen y al necesario avance hacia la libertad por parte de una población atascada en proclamas medievales, étnica y culturalmente destrozada. Es así, como salimos de Irak, sin dar explicaciones y ocultando, los gravísimos problemas asociados a tal decisión, dando el triunfo alucinadamente a una organización terrorista, enemiga declarada de nuestro modelo de vida.
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Es así porque los electores quieren que así sea, para evitar que sus idealizaciones sean devoradas por la realidad, atascados como estamos en viejas idealizaciones sobre la política y la realidad, con confianza ciega y sorda los unos, en los poderes sobrenaturales del poder político y los otros, en la bondad innata e inextinguible del ser humano. Somos los electores, psíquicamente disminuidos, entre ciegos y sordos, no conviene engañarse, los que imponemos las distintas ofertas electorales a base de fieragrás.
La dinámica electoral alimentada por los electores entre ciegos y sordos proporciona, de otro modo, un juego modular de variabilidad infinita. Piénsese en un Kerry en cuyo bando coinciden grupo de multimillonarios de la empresa, las finanzas y el cine con la iglesia católica y revolucionarios de izquierda de declarados propósitos antisistema. ¿Por qué las organizaciones antiglobalización y antisistema que han hecho bandera de la lucha contra las marcas multinacionales, apoyan a Kerry y a su mujer, Teresa Heinz, propietaria de una empresa de productos alimenticios con más de 35 marcas conocidas inundando los mercados mundiales?. Se preguntaba Antxon Sarasqueta, en una de sus habituales colaboraciones periodísticas.
El pacifismo inquebrantable, por el que estarían dispuestos a dar la vida buena parte de los que aborrecen a Bush, se les viene abajo, flaquea o se derrumba, en cuanto les rayan el coche o les deja tirados la agencia de viajes de turno en cualquier aeropuerto del planeta.
Las cosas buenas que tengan que ocurrir a la humanidad, decididamente, solo pueden ocurrir entre periodos electorales, cuando la condición de elector se extingue y por un tiempo nos convertimos en ciudadanos obligados a considerar las cosas del día a día. Una naturaleza entre ciega y sorda no resulta ser la mejor consejera para enfrentar retos y encontrar soluciones. Las campañas electorales truenan, retruenan y movilizan apetitos varios, antojos inclasificables y más que nada emociones básicas que se espera lleguen intactas hasta la urna.
Qué le importa a los electores entre ciegos y sordos, que las hebras de ADN se autoensamblen en estructuras complejas, por ejemplo, en un exaedro truncado que consta de seis caras cuadradas y ocho exagonales; qué la detonación de un misil con cabeza nuclear en órbita terrestre cuyos efectos pueden trastornar durante años el sistema de satélites civiles y comerciales; qué la anemia de Fanconi como base genética para una predisposición al cáncer; qué la posibilidad de reemplazar o regenerar zonas lesionadas del cuerpo humano con nuevos tejidos derivados de células madre procedentes de un blastocito; qué las formas de vida económicamente exageradas; qué el culto al yo; qué lo deseos de uno y otro signo convertidos en verdades irrefutables, qué el mecanismo más viejo y natural de autodefensa, el de anticiparse al peligro para esquivarlo, neutralizarlo o destruirlo o qué la defensa de la causa de la libertad, de nuestra civilización, allí donde sea amenazada. Estas cosas solo le incumben a los ciudadanos de carne y hueso, los que se convierten en electores entre ciegos y sordos cada cierto tiempo.
A estas alturas, los que vimos necesaria la intervención de EE UU en Irak en razón de la necesaria defensa de la causa de la Libertad, muy perseguida y gravemente amenazada en el mundo islámico por muy variadas razones y algunas muy evidentes, todavía desconocemos la razones últimas que tuvieron Aznar, Blair y Bush para apoyar la intervención. Parece alternativamente que se hizo equivocadamente persiguiendo armas de destrucción masivas inexistentes, para estabilizar el mercado de crudos, para que hicieran negocio los amigotes, para imponer la paz en Oriente Medio en un marco de libertades civiles y políticas y acabar con los estados confesionales, para luchar contra la técnica del terrorismo o para perseguir con nombres y apellidos a las ideas, las organizaciones y los líderes que amenazan sin pasmo ni descanso continuamente la libertad. Nunca estuvieron muy claras sus verdaderas intenciones, oscilando por el argumentario al compás de los sondeos electorales.
A estas alturas, desconocemos igualmente, las razones últimas por las cuales la izquierda universal, los movimientos antiglobalización, antisistema y otros más religiosos otorgan al régimen de Sadam Hussein, a las acciones de los suicidas de Al Qaeda en Irak, o a los saqueos de los lugares sagrados del chiísmo en Nayav por parte del Ejército del Mehdi capitaneados por un clérigo medieval, la condición de valerosos patriotas que luchan heroicamente por su dignidad. Mientras China y Rusia avanzan hacia Occidente, un poderoso conglomerado de organizaciones antisistema, antiglobalización, grupos de izquierda, verdes, fundamentalistas, y variadas minorías irredentas, aplastados todos por el neoliberalismo atroz, avanzan al ritmo glorioso de su inquebrantable fe hacia pretéritos estadios despóticos, que China y Rusia abandonan, dirigidos por élites clarividentes o hacia épocas medievales y rurales arcádicas lideradas por gurús, sacerdotes, hermitaños sabios y curanderos.
¿Quién tiene más razón cuando nadie la tiene, tampoco nosotros?. Entre contiendas electorales, cuando dejamos de ser entre sordos y ciegos, es tiempo de decisiones.
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Texto: Cazurra Bit
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