01 | Ago | 2004 | nº 0006
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¿CONSTITUCIÓN O TRATADO?
La manipulación de Europa
Ubaldina Herzt | León | 01-08-2004

ZAPATERO TIENE UN PLAN
Políticas de bombo y platillos
Cazurra Bit | EDITORIAL | 01-08-2004

GEOPOLÍTICA DEL PETRÓLEO
La humanidad tiene un problema
Enunilo Urpión | León | 01-08-2004

BIOTECNOLOGÍA A RAUDALES
El poder de los transgénicos
Jorge García Diez | León | 01-08-2004

EL PÚGIL
CAMBIA EL PARADIGMA
La industria de la copia entra en barrena
Antonio Yuste

ESTADOS UNIDOS
El peligro presente
Joe Liberman y Jon Kyl
OJALA
Diario de agregaciones
RAQUEL MALQUITE SONAGUA

Días de mucho
RAQUEL MALQUITE SONAGUA

VÍAS DE ESCAPE
El poderoso encanto de los paraísos fiscales
Cazurra Bit | León | 01-08-2004

IV INFORME (Atractor León)
La ley del tiempo
Atractor León | 01-08-2004

ESPANTO Y CRUELDAD
Vomitar el 11- M
Hermógenes Lailo | 01-08-2004

DESLOCALIZAR LA INTELIGENCIA
En busca del valor añadido barato
Hermógenes Lailo | 01-08-2004

UNA BUENA INICIATIVA
La semana de las naciones cautivas
Hermógenes Lailo | 01-08-2004
MOSCAS (5 nuevas tiras)
Karlos | León | 01-08-04
Humor animado y un poco sucio. Un excelente trabajo.

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¿CONSTITUCIÓN O TRATADO?
La manipulación de Europa
Ubaldina Herzt | León | 01-08-2004

Lo que el liderazgo político europeo ha llamado incorrectamente ‘constitución europea’, ha entrado en su fase más enigmática, el de su ratificación. Estamos ante un tratado que entrará en funcionamiento, exclusivamente, con su ratificación por parte de los 25 Estados miembros, además de Bulgaria y Rumanía (adhesión prevista en 2007).


La Cosa. Clas-Clas. La bandera de la Unión Europea quiere competir en número de estrellas con la de los Estados Unidos. La proliferación de las estrellas en las banderas se debe a la fijación enfermiza de los pueblos con el pánico a no estar presentes en el firmamento.


El Parlamento Europeo es una entelequia decorativa y cara, inútil, que la sociedad del bienestar se puede permitir
El Parlamento Europeo representa la futilidad de la vieja política y la atración fatal que los europeos experimentamos ante cualquier manifestación de burocracia
Las constituciones son el resultado de un contrato social entre todas las partes. Lo que hemos dado en llamar ‘Constitución Europea’ es un refrito de tratados, una crema pastelera fabricada en una conferencia específica, un organismo autónomo, creada para la ocasión. ¿Y el parlamento europeo?. Ni está ni se les espera.

No es, desde luego, un buen punto de partida y deja bien a las claras la insignificancia y futilidad del parlamento europeo como representante de los ciudadanos europeos. Nadie sabe con precisión cómo llamar a una cámara de representantes disminuida en sus funciones y potestades. A la Unión Europea se le llama con acierto
'La Cosa' ante la imposibilidad que tiene el derecho para describir la burocracia de Bruselas, un ente tan variopinto y bragado, con tanto poder.

Un testimonio fehaciente del poder real del Parlamento europeo lo proporcionó, muy recientemente, su decisión de introducir modificaciones a la Directiva que hace posible patentar programas de ordenador. El Parlamento Europeo introdujo enmiendas para impedir la patentabilidad del software y la Comisión Europea las ignoró olímpicamente plegándose a las presiones de lobby corporativo de la industria del software, capitaneada por Microsoft. ¿Pero no habíamos quedado en que la Unión Europea era muy digna y los Estados Unidos y sus intereses, una cosa espuria?. ¿Quién dijo que el Parlamento Europeo representa a los ciudadanos europeos?.


> Bruselas, 18 de Junio de 2004

Fue el día de la Cumbre, en el que se aprobó la mal llamada ‘Constitución Europea’ que debe aprobarse cumpliendo los mecanismos previstos en las distintas constituciones europeas, a saber, mediante trámite parlamentario, mediante referendos, mediante reformas constitucionales o con combinación de procedimientos. No son pocas las constituciones que adjudican a los que ahora llamamos ‘Constitución Europea’ el rango de tratado internacional sobre el que tienen potestad los distintos ejecutivos para aprobar o rechazar. Y la existencia de ese poder delegado del ejecutivo para aprobar o rechazar la ‘Constitución Europea’ es ejemplo suficiente del alcance jurídico de lo que se nos propone.

Caben dos explicaciones a un asunto tan irregular. La primera, que se está avanzando de manera imparable en la cesión de soberanía a entidades burocráticas que no necesitan dar explicaciones y que se está haciendo con el consentimiento pleno y total de los ciudadanos, capitaneados por fuerzas políticas que hace tiempo han renunciado a la legalidad democrática. La segunda, que no existe tal cesión de soberanía y que lo que se nos propone como Constitución Europea no es más que un eufemismo sin consecuencias.

La interpretación correcta y compartida por todos los analistas es que estamos asistiendo a una gigantesca operación de manipulación de la voluntad de los ciudadanos de Europa, para entregar más y más poder a una casta burocrática, convertida en una entidad autónoma que no necesita dar explicaciones. ¿Quién dirige esta basta operación y con qué fines?.

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Antonio Yuste
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Todos los elementos constitutivos y la secuencia de acontecimientos indican que estamos ante una operación política a ciegas, liderada por la envejecida clase política europea, atascada en las ideaciones políticas de siglo XIX e incapaz de interpretar en clave política contemporánea la gran trama de interdependencias que condiciona la vida de los europeos. Y la explicación sería incompleta si no se dice que la envejecida clase política europea desde los verdes, pasando por los rojos, hasta los azules, con todas las fuerzas que caben en los distintos arcos parlamentarios nacionales, están recibiendo el apoyo mayoritario de los ciudadanos de Europa. Es nuestra mejor explicación. Por un lado, la envejecida clase política anhela un Gran Estado Europeo, con su propia burocracia para mejor uncir a los europeos al más viejo estilo del XIX, y lo pretende aunque sea por métodos antidemocráticos; por otro, se muestra nostálgica de los viejos estados nacionales de los que obtiene legitimidad.

La envejecida clase política europea y los ciudadanos que la respaldan actúan del mismo modo, a ciegas. Para construir una nueva realidad y un nuevo marco colaborativo, ciudadanos y políticos, acuden a sus viejas referencias para interpretar y vertebrar la Unión Europea al viejo estilo: creando un Gran Estado. Los europeos estamos demostrando una manifiesta incapacidad para encontrar soluciones apropiadas para interpretar y organizar la interdependencia europea, sin penalizar la calidad de nuestros derechos políticos, descendientes naturales de la soberanía popular, y que si rastreamos el concepto nos lleva hasta Marsilio de Padua en el siglo XIV.

El refrito de tratados que conocemos como ‘Constitución Europea’ y la sustracción de los derechos políticos de los ciudadanos de Europa a favor de una clase burocrática, hace tiempo convertida en poder autónomo, quebrando la legitimidad democrática, es el resultado visible de dicho proceso. Es bien conocido que las directivas europeas son normas legales de rango superior a la legislación nacional. Unas normas que elabora y define una casta burocrática que no rinde cuentas. Y se trata de un proceso al que los ciudadanos hemos dado nuestro consentimiento.

¿Todo lo que está ocurriendo es útil en algún modo para la Unión Europea?. Es útil en la medida que aporta pruebas de la inadecuación de las soluciones y desvela la baja calidad de las herramientas conceptuales con las que estamos construyendo la Unión Europea. Y al contrario, es una barrera en la medida que tales ideaciones impiden a los ciudadanos europeos organizar su interdependencia con instituciones potentes y legítimas.


> ¿Cómo organizar la legitimidad
de la Unión Europea?


Es la gran asignatura pendiente y eternamente aplazada de la Unión Europea. De momento toda su legitimidad procede de la reunión de los distintos jefes de Estado de los países miembros. El problema de fondo es que los susodichos Jefes de Estado han pactado delegar sus funciones a una casta burocrática cada día que pasa con mayor autonomía y sustracción de los derechos políticos de los ciudadanos europeos. Los efectos prácticos de la construcción europea, desde el punto de vista de la legitimidad, son los que son y a ellos debemos atender en primer lugar.

Si fuera suficiente el poder delegado de los distintos ejecutivos nacionales para aprobar o rechazar la Constitución Europea, en España, por ejemplo, no se hubiera convocado un referéndum. Y la convocatoria de dicho referéndum para el que las fuerzas políticas mayoritarias han pedido el sí, es la mejor prueba de que las dudas sobre el proceso empiezan a proliferar.

El procedimiento de ratificación parlamentaria de los tratados, habitual en todos los países para los primeros tratados, poco a poco se ha ido sustituyendo, dada la continua derrama de soberanía y la pérdida de contenido político y funcional de los parlamentos y gobiernos nacionales, por la convocatoria de referendos, siendo en estos momentos el procedimiento mayoritariamente utilizado por los estados miembros y que en las actuales circunstancias convierte la ratificación en un auténtico campo de minas.

Existen en Europa sólidas formaciones políticas antieuropeas que han hecho de su programa contra la Actual Unión Europea, su exclusiva seña de identidad y que han demostrado en los distintos referéndos y elecciones su poder de convocatoria. Estamos hablando del
Movimiento por Francia de Philippe de Villiers, del Junilistan sueco (Movimientos de Junio) y del JuniBevaegelsen danés, el ChristienUnie holandés, la Liga de las Familias Polacas o el Partido de la Independencia Británico (UKIP). No convendría olvidar que acudir a la fórmula del referéndum es un mecanismo para evitar que el consenso dentro de los partidos tradicionales se rompa. Ante la amenaza de que la cohesión interna o el consenso entre los partidos tradicionales se rompa, la mejor vía que han encontrado los distintos actores políticos es la de diferir la decisión a los ciudadanos para mantener la cohesión intrapartidaria e interpatidaria.

Algunos grandes partidos tradicionales han optado, el caso de la República Checa por incorporar a sus programas ciertas dosis de euroescepticismo. Ocurre igualmente en el Reino Unido y empieza a ocurrir en el resto de países europeos. Que en España, por primera vez, se acuda a la fórmula del referéndum para ratificar la Constitución Europea es síntoma de que el consenso tradicional en el interior de cada partido, sobre lo que conviene o no hacer respecto al proceso de integración europea, se está resquebrajando.

Para la pregunta ¿cómo organizar la legitimidad democrática de la Unión Europea?, no existe una respuesta fácil. El camino seguido es un camino fallido y obsolescente. En muchos países se debate abiertamente y en otros el debate es imposible. Es el caso de España.

La primera impresión o la impresión que causa a un observador extranjero es que los españoles están dispuestos a despojarse de su estado nacional y a dejarse gobernar por cualquier burocracia, no importa donde esté con tal de que sea extranjera, sin apego alguno a sus derechos políticos y civiles. Los españoles prefieren, o así ha sido hasta la fecha, los derechos políticos otorgados por una burocracia europea que la capacidad de autogobierno y control sobre sus propios derechos. Desconfían de su propio criterio, de su propia capacidad de organización por un lado, y por otro se muestran perezosos, muy perezosos, a la hora de preocuparse por la suerte de su libertad y la calidad de sus derechos políticos. ¿La causa de la Libertad, nos preguntamos y preguntamos, es una causa sentida y querida por los españoles?.


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Texto:
Ubaldina Herzt
Ilustración: Clas-Clas
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