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LA UNIÓN BUROCRÁTICA EUROPEA
El último delirio de los
hijos de Hegel
Enunilo Urpión | León | 01-07-2004
Los españoles tendremos que emitir nuestra opinión, para ratificar o rechazar la Constitución Europea tan afanosamente elaborada por un clase política avenjentada y fuera de siglo.
El rapto de Europa. Francois Boucher. Composición
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La Constitución Europea consolida la subordinación de los distintos estados |
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¿Nos enfrentamos a un salto cualitativo razonable y recomendable o a un deliro?, ¿Nos enfrentamos a un objetivo realizable o a un despropósito babélico? |
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Tradicionalmente para evitar el rechazo de los presiones de los llamados soberanistas, la Unión Europea, a través de sus sucesivos tratados ha venido consolidando la idea de que los Estados compartían libremente el ejercicio de sus competencias soberanas. La Constitución Europea entierra, de forma definitiva, tal conjetura para consolidar la subordinación de los distintos estados.
La jerarquía de la normas europeas o comunitarias es un principio jurídico que refuerza lo que estamos llamando Constitución Europea y que afecta a todo el ordenamiento propio, incluidas las constituciones de los distintos países y la interpretación de los derechos fundamentales. No es un tema menor y en la misma medida que los tratados y las directivas forman parte de la legislación interior de los países, en esa medida, los tribunales constitucionales empiezan a inhibirse a favor de los órganos jurisdiccionales correspondientes de la Unión Europea.
El artículo I-10 de la Constitución Europea no puede se más taxativo "la Constitución y el Derecho adoptado por las instituciones de la Unión en el ejercicio de las competencias que le son atribuidas primarán sobre el Derecho de los Estados miembros".
La igualdad jurídica, en la que se ha avanzado mucho en la lucha contra el terrorismo, crecerá a partir de la ratificación de la constitución europea de forma ilimitada. ¿Está Europa preparada para semejante reto?.
> La necesidad del referéndum
Para todos los analistas es bien sabido que una reforma de tal magnitud, que pone en solfa el principio de soberanía aplicado a cada estado por separado y que afecta a todos los derechos políticos y civiles sin que estos formen parte, cosa curiosa, de lo que se nos propone como Constitución Europea, necesita del refrendo de los distintos estados. La nueva Constitución Europea debiera discutirse ampliamente, también en las Cortes y ser ratificada o rechazada en referéndum. Al Gobierno español sobrepasado por el sesgo autoritario que suponía evitar el referéndum ha optado en el último momento por su convocatoria.
¿Nos enfrentamos a un salto cualitativo razonable y recomendable o a un deliro?, ¿Nos enfrentamos a un objetivo realizable o a un despropósito babélico?. ¿Necesita Europa un hiperestado central, una nueva burocracia ocupándose de las pequeñas cosas de los ciudadanos europeos?. Preguntas de parecida naturaleza están implícitas en el referéndum.
Está triunfando sobre cualquier otra hipótesis la reedición a escala europea de los estados nacionales, a saber un estado 25 veces más grande para regular la vida de los ciudadanos europeos. Y esta triunfando sin debate previo, sin interés alguno por parte de los ciudadanos, al dictado de unas élites que han decidido que no hay más opciones que sus ideaciones burocráticas sobre la Unión Europea. Y cierto que así es. En España ha venido siendo sacrilegio expresar dudas en público sobre la sublime Unión Europea con partidos, instituciones, periodistas y ciudadanos, dispuestos a la lapidación sumaria del osado que se atreviera a emitir una molécula de disgusto sobre el proceso de integración continental.
Entre los efectos mas reconocibles de la Unión Burocrática Europea se pueden citar la tensiones descentralizadoras para desnaturalizar los estados nacionales. Se viene dando por sentado que lo que hace mal el estado nacional lo hará bien Bruselas. Todos se hacen la misma pregunta, ¿por qué Bruselas lo hará bien y todo el tiempo y mucho mejor que los estados nacionales?. ¿Dónde está escrito y por qué hay que creer tal afirmación cuando las pruebas aportan sobrados indicios de todo lo contrario?.
¿Por qué es bueno desnaturalizar comunidades lingüísticas e históricas vaciándolas de contenido y doy por supuesto que España o Italia, por poner un ejemplo, son comunidades históricas y lingüísticas?. ¿Cómo resolveremos esa inmensa Babel llamada Unión Europea?.
> Contra la Unión Burocrática Europea,
vota NO
Todo lo que contribuya a realizar el intercambio de personas, ideas, proyectos, objetos, prosperidad o bienestar y preservar los derechos fundamentales debiera ser materia de interés para la Unión Europea y se nos ocurre que la mejor manera de acreditar sus competencias es mediante un poder legislativo fuerte. Los europeos necesitamos un Unión Europea intelectualmente fuerte con órganos que generen conocimiento pero nunca gestión. La burocracia es misión que corresponde crear a las administraciones más cercanos al ciudadano.
Los órganos ejecutivos de la legislación generada por la Unión Europea deben seguir residiendo en los ejecutivos nacionales con la fuerza coactiva que tengan a su disposición. No tiene sentido una Unión Europea con su respectivo ejecutivo, ejército, policía, sus ministerios, secretarías, departamentos y burocracia que crece y crece. En el siglo XXI ese tipo de soluciones son apuestas atávicas y salmos al fracaso y la frustración colectiva.
Las partidas presupuestarias de la Unión Europea debieran limitarse a las imprescindibles para hacer funcionar con eficacia y claridad un poder legislativo fuerte. El resto de competencias corresponden a los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales nacionales. ¿Pueden producirse situaciones de injusticia y que algunos países se nieguen a cumplir aquella parte de la legislación europea que nos les beneficia?. Es evidente que sí. De hecho ya se produce y eso es lo que pasa con el Pacto de Estabilidad que impusieron los países grandes y que ahora se niegan a cumplir. ¿Qué hacer en dichos casos?. No es un tema fácil y necesitará el concurso de específicas soluciones. Es un disparate, mírese por donde se mire, pretender organizar la vida diaria de 450 millones de ciudadanos, un auténtico Babel enérgico y con los colmillos retorcidos por la acción de los siglos y las eternas querellas, a golpe de soluciones ideadas en el siglo XVIII, a golpe de burocracia.
No le corresponde a la Unión Europea la organización de la actividad científica, la actividad agropecuaria, económica, sanitaria, educativa o fiscal. Son tareas que no debieran sustraerse del ámbito nacional y que a dicho ámbito debieran retornar, dejando libertad a las nacionales para que establezcan los vínculos o sistema de compensaciones que desean mantener con su población rural, por ejemplo. Estamos hablando de eliminación radical de la PAC. La importancia que se otorga a la actividad científica, a la sociedad del conocimiento, a las infraestructuras o a las políticas sociales deben ser sometidos al imperio de la libertad para que las distintas sociedades ejerciten su diferencia y la distintas percepción de sus necesidades. Las distintas poblaciones tendrán que asumir su rol de ciudadanos antes que el de consumidores. El intercambio y la libertad harán el resto. Con la libertad todos saldremos ganando. Con la burocracia pierde Europa.
Cuando hablamos de la actividad contraterrorista damos por supuesto que todos entienden que queda contenida bajo el epígrafe de defensa de los derechos fundamentales y cuando se habla de necesidades defensivas hay que suponer que es la causa de la Libertad la que necesita ejércitos, que se unen cuando queda amenazada y que afecta del mismo modo a los países europeos y a todos aquellos países comprometidos con dicha causa. El poder legislativo europeo puede tener entre sus competencias fijar mínimos en las tareas de defensa, así como en los temas fiscales y monetarios. De ningún modo, que absurdo, los ejércitos europeos pueden ser ejércitos, por principio, antiamericanos y debe aceptarse como premisa válida que determinados países opten por comprar seguridad a terceros dentro un marco de garantías jurídicas.
Lo que aquí se debate es como lograr una Unión Europea representativa de los ciudadanos europeos y como evitar caer en manos de burocracias inextinguibles y torticeras que no necesitan rendir cuentas a nadie quebrando el principio básico de responsabilidad en libertad. Los ejecutivos nacionales rinden cuentas antes sus electores y son objeto de vigilancia por parte de los parlamentos. Nada de eso ocurre en la Unión Europea con un burocracia crecientemente potente que no rinde cuentas a nadie. La Unión Europea debe tener como misión realizar el mercado único, hacer posible la igualdad de oportunidades y evitar que la soberanía se convierta en una argucia para que determinados estados extorsionen a otros.
La transferencia de fondos de zonas ricas a pobres puede acometerse de muchas maneras y por muchas vías con la única condición para cualquier solución que se adopte, de impedir o entorpecer la existencia de burocracia paneuropea. Es una medida obligado cumplimiento para impedir que la Babel Europea se convierta en un infierno ineficiente. En la práctica el grueso de documentación que produce la Unión Europea se produce en inglés y francés. Si a uno le gusta bien y si le gusta menos, igualmente bien.
> La Revolución francesa vivida como pesadilla
Cazurra Bit dirá, por lo tanto, NO a la presente Constitución Europea, un refrito de tratados, en tanto dicha propuesta lleve incluida la generación de burocracia innecesaria y reste capacidad política a los ciudadanos europeos para administrar su vida diaria. No somos detractores de la Unión Europea, somos fervorosos partidarios. Somos acérrimos detractores de la Unión Burocrática Europea. Nadie la necesita y es la obra impúdica de una clase política intelectualmente avejentada y fuera de siglo. En el siglo de las comunicaciones omnipresentes y aterritoriales las burocracias transnacionales no son de recibo.
La Unión Europea metafísicamente unitaria es un trasunto básicamente de franceses y alemanes del que conviene protegerse. Nadie imagina como dos entes metafísicos separados, fuertemente consolidados por las guerras, pueden de la noche a la mañana convertirse en un ente metafísico unitario. Conviene estar atentos y defenderse de la rancia metafísica paneuropea.
Por delante tenemos el ejercicio intelectual de pensar el futuro de Europa desde fuera de la perspectiva de la revolución francesa y de la doctrina de Hegel, según la cual, la Unión Europea no existe o se trata de una quimera si no dispone de un aparato de Estado clásico bien visible que organiza y jerarquiza la relaciones entre sus ciudadanos, hasta formar un pueblo, que día a día perfecciona su misión y tareas hasta la realización total de paraíso europeo.
¡Estamos en el siglo XXI!, es un grito, ¿se ha oído?. ¿Quién quiere formar un pueblo metafísicamente unitario?. Los europeos aspiramos a formar una comunidad contradictoria, incierta, confusa que comparte compromisos y causas, escalables y revisables en el tiempo y sin burocracia. Los europeos necesitamos buenos ingenieros de Europa, sentados en los bancos del parlamento pensando y comprometiéndose. Necesitamos representantes a los que poder correr a gorrazos o invitarles a vino cuando vuelven a los distritos por los que fueron elegidos e incluso poder revocar su mandato. Estamos hablando de Europa con mayúsculas y no de engendros de tres al cuarto altamente peligrosos.
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Texto: Enunilo Urpión
Pintura: Francois Boucher
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