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LA MALA CALIDAD DE LAS LEYES
No hay violencia de género,
hay violencia
EDITORIAL | LeónLas noticias recurrentes sobre mujeres asesinadas por sus parejas, produce alarma social pero no desencadena, o no lo está haciendo hasta la fecha, procesos intensivos de reflexión que conduzcan a una mejor interpretación del problema y a una mejor calidad de las leyes.

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La extinta lucha de clases parece haber encontrado refugio para prorrogar sus días en la supuesta lucha de sexos |
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la violencia de género convierte a todos los hombres en potenciales delincuentes |
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No entraremos a juzgar la conveniencia o validez de un sintagma gramatical violencia de género que ha generado mucha y abundante polémica y de la que se ha ocupado Fernando Lázaro Carreter, entre otros muchos autores, precisamente para desautorizar su uso. Entramos a valorar su significado más profundo y a lo que quiere referise el mencionado sintagma.
La extinta lucha de clases parece haber encontrado refugio para prorrogar sus días en la supuesta lucha de sexos. Es lo que las nostálgicas del marxismo llaman violencia de género o lucha opresiva de los hombres contra las mujeres para impedir su liberación. La lucha de sexos es una lucha histórica, es importante que sea histórica, que están librando las mujeres y que debe concluir con su emancipación final, verdadero preámbulo de la liberación definitiva de la humanidad. Una liberación que tiene que allana el camino para conquistar la hegemonía de los géneros y realizar el paraíso en la Tierra asociado, como es bien conocido, a las entrañas de la mujer. Es una versión maximalista y caricaturiza del problema de fondo y aceptamos y damos por supuesto que el grueso de las mujeres, igualmente preocupadas por la violencia de algunos hombres contra algunas mujeres, no suscribe dicha caricatura. Es un caricatura, no obstante, que puede sernos útil para enunciar más correctamente el problema.
Como consecuencia de tal aproximación conceptual existe una violencia de género que convierte a todos los hombres en potenciales delincuentes y a todas las mujeres en potenciales mártires. Estamos ante una visión del problema que permite prorrogar la organización del mundo en clases antagónicas, como consecuencia de la acción cultural positiva o negativa, o sea, comidas de coco y cosas así, muy al gusto de las nostálgicas de la lucha de clases y de un mundo de opuestos, o ji o ja, que puede resolverse con leyes simples y necias y luchas políticas, tomas del poder y medidas coactivas mediante la justicia feminista hasta la victoria final.
En el terreno de los hechos las cosas son algo más complejas. En primer lugar no es el hombre, como categoría, el que mata, son hombres específicos, individualizados, los que matan y los que interesan a los jueces (el testimonio no la maté yo, la mató el hombre no tiene utilidad para los jueces); en segundo lugar, interesa a todos, hombres, mujeres, cuerpos de seguridad y administración de justicia, identificar con anticipación la potencialidad agresiva y criminal de dichos hombres; en tercer lugar, es un bien para la comunidad enunciar correctamente el problema porque contribuirá a la tipificación correcta del delito con castigos y medidas paliativas eficaces.
> Las violencia extrema contra las mujeres no es un problema ideológico
España no arroja mas cantidad, estadísticamente, de la mal llamada violencia de género que aquellos países que consideramos más avanzados en legislación para proteger la igualdad de derechos y oportunidades. Nos referimos a los países nórdicos. Países en los que se ha puesto un gran énfasis en trasladar al sistema educativo la igualdad de derechos y los beneficios sociales que aporta a la comunidad.
Nada de todo eso parece tener efecto sobre la erróneamente llamada violencia de género. Las nostálgicas de la lucha de clases traspasada a la de sexos, antes que reconsiderar su erróneo análisis que han elevado a la categoría de dogma, suelen encontrar en la silenciación mediática de su violencia de género la mejor herramienta para combatir el problema. Si no se conoce, no existe. Pero existe y las memorias judiciales dejan constancia de su existencia, aunque su carácter repetitivo y habitual termine induciendo acomodo social.
En España, recientemente, el Consejo del Poder Judicial, desautorizó una propuesta de ley, inspirada en la discriminación positiva y promovida por el actual gobierno, es decir, inspirada en el fallido análisis de la lucha de sexos y que da por cierto que la violencia de género es el resultado de la resistencia del hombre a la liberación de la mujer. Un diagnóstico fallido que conduce desde el punto de vista del derecho a tipificaciones del delito centradas en la intención de dominio por parte del hombre.
> La posición de Cazurra Bit
La respuesta del Poder Judicial es la que es y no entramos a considerarla. Le interesa a Cazurra Bit poner el acento en la naturaleza de la violencia contra las mujeres que algunos hombres protagonizan y que dicho en plata, nada tiene que ver, en occidente, con un problema ideológico, con la lucha de sexos o con la resistencia del hombre a la liberación de la mujer. Las razones de la violencia que tanto preocupa, la violencia extrema, palizas, asedios, asaltos y asesinatos, no son de naturaleza sociológica o ideológica aunque a dicho argumentario acudan las entusiastas de la lucha de sexos para explicar su comportamiento.
En nuestra opinión las palizas, asedios, asaltos y asesinatos tienen su origen, esencialmente en circunstancias endógenas, las patológicas y exógenas, las que son producto de la ignorancia:
Las endógenas o perturbaciones de salud muy graves y peligrosas:
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La violencia de naturaleza patológica orientada hacia el otro sexo, y que es anterior a las justificaciones de matriz política o ideológica. |
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La violencia de naturaleza patológica no específicamente orientada al otro sexo pero que se ejerce en primera instancia sobre la mujer con la que se convive, por las ventajas prácticas. |
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La violencia asociada a celos patológicos (eres mía). |
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El placer asociado patológicamente a la violencia (caza y asalto). Violadores. |
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El placer asociado patológicamente a la violencia extrema (asesinato). |
Un cuadro de violencia para el cual el castigo, la reclusión, terapia y procesos muy intensivos de inculturalización, o las cuatro medidas coaligadas, no tiene efectos reparadores. Y conviene aceptar que la naturaleza del problema es de tal envergadura que cualquier hipótesis de libre albedrío o libertad para el encausado conducirá a la repetición de la violencia. El cerebro o el cuerpo humano es todavía un gran desconocido a pesar de la existencia de tratamientos farmacológicos amortiguadores de las mencionadas perturbaciones de salud, incluida la patalogía de los celos.
La exógenas, producto de la ignorancia
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La violencia inducida por las drogas. El alcohol es la más común. El alcohol interactuando sobre fisiologías específicas cuyos efectos tienden a transformarse en violencia. |
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La violencia inducida por perturbaciones en la conducta sexual de las mujeres. Una fuerte demanda de actividad sexual, no satisfecha por la pareja, suele ir asociada a cuadros de ansiedad con estrategias verbales agresivas o muy agresivas que en ocasiones produce agresividad física en los hombres sometidos a dicha presión. |
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La violencia inducida por perturbaciones en la conducta sexual de los hombres. Una demanda de gran actividad sexual no satisfecha por la pareja suele ir asociada a cuadros de ansiedad, mezclados con cuadros de fuerza, que por repetición terminan convirtiéndose en cuadros de violencia. |
Las conductas adictivas agudas (drogas) suelen ocultar patologías (cuadros depresivos) que van más allá de las terapias para reconducir las conductas, reconociendo que dichas terapias tiene gran interés paliativo.
El reconocimiento por parte de las sociedades modernas de conductas sexuales diferenciadas en nuestra especie, solo parcialmente ha sido comprendido. Con gran ligereza se ha supuesto que todas ellas eran buenas o convenientes y todas ellas igualmente razonables. No faltan lo que afirman que la orientación sexual es elegible. La ignorancia social y el desconocimiento, son los auténticos responsables de la mala calidad de las leyes para prevenir o paliar la violencia extrema contra las mujeres.
Una pulsión sexual persistente e inextinguible a la que nos hemos referido cuando describimos las causas exógenas de la violencia, altera el orden de prioridades vitales del que padece dicha pulsión. No es lo mismo levantarse cada mañana para cumplir con las obligaciones diarias, que hacerlo dominado por la obligación instintiva de satisfacer necesidades sexuales imperativas, no sometibles a la razón o el amor. Los que conviven con personas que experimentan dicho cuadro suelen ser víctimas de apremios y reproches muy incómodos y de difícil digestión cultural si no se entiende lo que pasa. Los reproches no sirves
suelen afectar a las bases constitutivas de la propia identidad.
Los hombres que son víctimas de apremios por parte de su pareja y no entienden lo que pasa, terminan somatizando, en el mejor de los supuestos, de manera resignada que son la mitad de hombres o muy poco hombres. Si los apremios están asociados a estrategias verbales muy agresivas puede terminar induciendo conductas igualmente muy agresivas. Si son mujeres las que son víctimas de los apremios de los hombres terminan experimentado un sexualidad forzada, altamente desagradable, mezclada con violencia.
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En los cuadros de violencia física, inducida por las perturbaciones de la conducta sexual las mujeres suelen ser la parte doliente, víctimas de su menor fuerza física.
Recompensa y placer, cuando se manifiestan de manera perturbada, pueden estar asociadas a violencia. Sexo y violencia, placer y sufrimiento no son dos categorías separadas y en su manifestación perturbada pueden estar asociadas de manera patológica.
De ningún modo se dice aquí que la demanda de una fuerte actividad sexual está indisolublemente asociada a cuadros de ansiedad violentos que deban ser objeto de vigilancia policial o persecución punitiva. NO SE DICE. Se debiera considerar en toco caso la exageración del impulso sexual como un problema serio e incómodo para el que la sufre, máxime cuando el que lo sufre siente la necesidad de solicitar ayuda. Decimos que, en ocasiones, un persistente impulso sexual puede estar asociado a cuadros de ansiedad y violencia. La aleatoriedad combinatoria de los supuestos que hemos relatado no debe pasar desapercibida para nuestros lectores.
> La violencia sexista no mata a las mujeres
Tampoco SE HA DICHO, y lo recalcamos, que no exista resistencia social o resistencia de los hombres a la lucha por la igualdad de las mujeres. Creemos que existe, afortunadamente cada vez menos, y que en ocasiones genera violencia, violencia que acertadamente puede considerarse sexista. Pero es una violencia (malos modos y autoritarismo) que siendo muy desagradable nada tiene que ver con las palizas, los asedios, los asaltos o los asesinatos. Es imprescindible para el bien común, por supuesto para las mujeres, y muy útil para los legisladores, la policía y los jueces, no mezclar churras con merinas. Y no se está diciendo aquí que no se deban combatir las conductas machistas.
Lo que si reclamamos es la condena inmediata del maximalismo ideológico de algunos grupos de mujeres cuya argumentación hace estragos en las filas de la izquierda y que lejos de tener un función contributiva, está dificultando la resolución de un gravísima problema.
La cultura ha idealizado las potencias y virtudes de los miembros de nuestra especie, universalizando con gran generosidad todos los atributos que nos adornan e incurriendo en el error de sumar las grandes virtudes, habitualmente muy repartidas, en una sola persona para elevarla a la categoría de arquetipo, alcanzable con la superación y el esfuerzo. La persona ideal fruto de la suma de todas los atributos está al alcance de todos con la dosis adecuada de superación y esfuerzo. De nuevo estamos ante una exageración de lo que es posible alcanzar a través de la volutnad y el esfuerzo, excelentes palancas de superación de cualquier grupo humano pero que su exagertación conduce a aberraciones interpretativas. Así funciona el arquetipo.
Desgraciadamente no es así. Algunas personas son heterosexuales, otras no, las hay a medio camino, unas tienen dotes para la música, otras para el arte, aquellas para las matemáticas, la gran mayoría, a duras penas, tenemos cualidades para ir tirando y los hay que padecen serios trastornos de conducta o de salud.
Una perspectiva cultural sobre la condición humana, más serena y humilde, puede ser el mejor consejero para elaborar mejores leyes sobre la violencia de algunos hombres contra las mujeres, de algunas mujeres contra los hombres, de los adultos sobre los niños o sobre los ancianos. Puede ser de gran utilidad para modular mejor las medidas paliativas.
No basta con denunciar la violencia como si la acción punitiva o coactiva del juez y la policía fuera suficiente o como si tratara de una gigantesca lucha política por la liberación. Lo decisivo es aprender a identificar los cuadros de riesgo que proporcionan determinadas conductas. Tenemos que desaprender algunos errores de apreciación para intentar aprender mejores verdades. Prevenir la violencia identificando bien y mejor los indicios es un objetivo que a todos conviene.
La violencia a la que son sometidas determinadas mujeres, en su fase de denuncia y bien identificada por especialistas, en algunos casos debiera conducir NO a medidas de alejamiento contra el hombre, una medida en exceso genérica. Existen supuestos en los que sería aconsejable, para preservar acertadamente la vida de las mujeres, incorporar a las víctimas a programas de testigos protegidos e iniciar con el encausado la estrategia médica y punitiva más conveniente.
Es obvio que se necesitan otras leyes y sobre todo no convertir la violencia contra las mujeres en una cuestión de sexo. La mujer también mata. Es cierto que lo hace menos, por razones de fuerza, y que cuando lo hace no suele disfrutar de eximentes. Su menor fuerza la obliga a la premeditación y el planeamiento. Un asunto sobre el que convendría reflexionar. Se necesitan leyes que interpreten mejor los problemas.
Para esta cesta, para un problema tan serio, necesitamos cambiar de mimbres. Se necesitan nuevos mimbres, más frescos. La cháchara ideológica de la lucha de sexos oculta el problema y añade aberraciones intolerables.
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Texto: Cazurra Bit
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