LA EXAGERACIÓN SOBERANA El ensoberbecido pueblo Hermógenes Lailo | León | 01-01-04
¿Qué puede esperarse de un pueblo que se considera soberano de manera ilimitada?. ¿Qué forma de hablar y expresarse es esa, tan poco precisa y tan petulante?. ¿Qué es eso de que el pueblo se autodetermina?. ¿Por qué llamamos a tomar una decisión democrática (por mayoría cualificada) autodeterminarse?. Existe alguién, de nuestra especie tan sumamente independiente que le sea dado autodeterminarse? SIGUE
Cualquier entelequia de gente esparcida por una casa sirve como familia. La extravagancia de llamar familia a cualquier cosa ha tomado carta de naturaleza. El rigor antropológico se ha perdido. Papás, mamás, hermanos, hermanas, hermanastros, hermanastras y allegados de distinta naturaleza conviven y se separan, entrando y saliendo de la vida de la generación polígono como si tal, con tanta volubilidad que resulta grosero que a eso se le siga llamando familia.SIGUE
Las secciones CLASIFICADOS, FOROS y URNAS entrarán en funcionamiento en diciembre de 2004. Son servicios que necesitan, a pesar de la automatización con la que están concebidos:
Una masa crítica de usuarios.
Recursos humanos suficientes para mantener su calidad y frescura.
Las nuevas tecnologías son consumidoras de recursos humanos como ninguna otra tecnología lo había logrado. El uso masivo de recursos humanos se compensa con sus extraordinario réditos en productividad, transparencia, participación y proximidad. Un rizoma es un reto y un año pasa rápido. El interés y viabilidad de un rizoma está determinado por los contenidos, por el interés que concita, los apoyos que genera y un poco más adelante por los servicios que proporciona. No al revés.
ESTRATEGIA DE LOS
TRES SEMESTRES
I semestre. 1 de enero de 2004. Cazurra Bit es un rizoma en estado de propuesta, con contenidos que se renuevan mensualmente.
II semestre. A partir del 1 de julio de 2004 Cazurra Bit renovará sus contenidos semanalmente y desplegará todos sus servicios
III semestre. A partir de 1 de enero de 2005 Cazurra Bit se transforma en un rizoma en tiempo real, con más y mejores contenidos.
Cazurra Bit utilizará la estrategia de los tres semestres para reunir energía y apoyo social; para alcanzar la masa crítica que garantice su supervivencia.
LA EXAGERACIÓN SOBERANA El ensoberbecido pueblo HERMÓGENES LAILO | León | 01-02-2004
Francis Bacon. Autorretrato
··· ¿Qué puede esperarse de un pueblo que se considera soberano de manera ilimitada?El pueblo y aún más el pueblo soberano, santo grial de las naciones, es la suma de un grupo humano en un territorio que viene a protegerse con normas y leyes que lo idealizan y le hacen presentarse ante propios y extraños como propietario de atributos y derechos intransferibles e ilimitados. ¿Por qué tanta soberbia?. ¿Son de verdad necesarios postulados tan falsos como irrealizables?
¿Qué puede esperarse de un pueblo que se considera soberano de manera ilimitada?. ¿Qué forma de hablar y expresarse es esa, tan poco precisa y tan petulante?. ¿Qué es eso de que el pueblo se autodetermina?. ¿Por qué llamamos a tomar una decisión democrática (por mayoría cualificada) autodeterminarse?. Existe alguién, de nuestra especie tan sumamente independiente que le sea dado autodeterminarse?. ¿Se pude autodeterminar la fuerza de la gravedad independientemente de las masas que la constituyen?. ¿Acaso el pueblo es asimilable a la riada de deidades supuestamente autocontenidas?. Y digo supuestamente, porque Dios, al Antiguo Testamento me remito, necesitó ayuda, necesitó tiempo, una semana, para crear el mundo. ¿Cuando los pueblos expanden su dioxido de carbono por cualquier confín son también soberanos?.
Vengo aquí con piqueta, a mano, sin más armas que mis ya envejecidos músculos, a derrumbar al pueblo soberano, episodio nefasto de la historia de la humanidad, un subproducto intelectual de una degeneración aún mayor, el rey soberano. Y señalo desde esta tribuna a la nación como principal cobijo de los llamados 'pueblos soberanos', la covacha donde comparte lecho con el mismo diablo.
Quiero recordar al pueblo, porque nunca toca, no importa cual, su naturaleza energúmena y su responsabilidad en las innumerables gestas criminales a las que tan proclive es. Me refiero al pueblo, esa categoría llana y sin matices del que emanan todos los poderes. Me estoy refiriendo a esa categoría jurídica de tanto lustre y poder, el pueblo soberano, hacedor de constituciones y leyes, maduro, torvo, malicioso, nostálgico de nepotismo y siempre peligroso, dispuesto en toda ocasión a elegir a los de su misma pasta y dispuesto siempre a la solución más egoísta y bellaca.
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Me refiero a ese pueblo irreflexivo, en permanente estado de recibir, perezoso moral e intelectual, ansioso de promesas y milagrosViendo las cosas desde el lado de acá del artículo 1 de la Constitución Española, el lado verídico, el que advierte que todos los poderes del Estado emanan del pueblo, pone los pelos como escarpias. Es como un descenso rápido al infierno de la soberbia. Creo que ha llegado el momento de desenmascar al pueblo. Ese pueblo repleto de gente escolarizada y de universitarios; repleto de braceros y sabios, caudillos y demócratas, empresarios, artistas y santones; repleto de opinadores, ensayistas acerados y aguijoneadores por cuenta propia y ajena. Creo llegado el momento, inevitable y necesario, de denunciar al pueblo soberano, al pueblo territorial, agazapado y perfectamente emboscado en la jungla de leyes. Creo llegado el momento de denunciar a ese pueblo corruptor de normas, único responsable de su poco cuidado, muy desinteresado de su evolución y en permanente estado de iniquidad moral.
Me refiero a ese pueblo irreflexivo, en permanente estado de recibir, perezoso moral e intelectual, ansioso de promesas y milagros, que repele el esfuerzo, el análisis menudo y pertrechado con mil y una organizaciones, todas solemnes y decorosas, sin otro norte y destino que asaltar el erario público. Ese pueblo al que se le aparece el futuro siempre con idénticas maneras: como un río de dinero y bienes materiales.
La conjura de los necios ha funcionado a lo largo de la historia de la humanidad con una exquisita eficacia. Nuestro pueblo, los pueblos hispanos, siempre prestos para dejarse acaudillar por personajes bipolares (entre torvos y bragados) a los que ama primero para que le defrauden después. Pueblos hispanos, ¡ay!, devotos del liderazgo bragado. Pueblos a los que les encanta resolver sus pequeñas y grandes cosas en los mitines, tronando de palabras los tímpanos, de homicidios las calles, de astucias los informativos y fervorosos creyentes del Santo Poder y El Bragado Caudillo, ansias míticas, acurrucadas en la política del tango: amar al caudillo primero para que nos rompa el corazón después. Una pragmática que se retroalimenta por las guitarras y los poetas.
Ese pueblo, cualquiera, enrocado de soberbia, en su nación, tiene a gala hacer oídos sordos a cualquier forma de acción cívica positiva y sin pataleo. El pueblo soberano solo sirve a la protesta genérica, sin detalle o sutileza; solo sirve al ritual revolucionario y los objetivos generalistas, leáse la completa felicidad, la redención universal, el bien absoluto, la verdad trascendente y el inmaculado acontecimiento, es decir, cosas de tanta envergadura y sin razón que para nada sirven. Cuando se trata de ética los pueblos solo frecuentan los puestos de todo "barrato, barrato".
La nación, el pueblo soberano, el que amó a Milosevic, el que no dudó en convertirse en jauría humana, dentro de un propósito criminal balcánico, no ha dudado en devorarle cuando faltó a sus promesas criminales. ¿Curioso? Pues no. Los pueblos son así, entran y salen de la covacha de la nación cuando conviene.
Estoy hablando de ese pueblo que únicamente se moviliza cuando está en juego sus instintos primarios. El pueblo jamás ha consentido que se ponga en duda lo que el considera legítima fascinación por el ritual de la sangre. Poner muertos encima de la mesa para arreglar cosas menudas, constituye una aspiración constante de las naciones. A la república parisina le fascina organizar genocidios. En la cabeza de cada francés hay un Napoleón en cuclillas; en la de cada español un caudillo sádico sesteando; en la de cada yankee un saco de grasa en 3D, con cartucheras de ketchup, mucho ketchup, su verdadera arma letal; en la de cada alemán, un poeta romántico que lleva en la chepa un filósofo siempre dispuesto a convertir cada verso en una estructura metáfisica y criminal; en la de cada italiano un ingeniero social dispuesto a convertir lo que toca en una realidad histérica (dantesca); en la de cada oriental un iluminado peligroso convencido del eterno devenir y de la misma mismidad; y en la de cada islámico un chivo macho paranoico. Así son los pueblos, un dechado de virtudes. ¿Por qué se olvida con tanta frecuencia su lado oscuro?
[ El 'Estado de sombra' ]
En la nostalgia permanente de rituales transgresores, dictados por el ansia colectiva de oxitocina, residen las razones últimas del comportamiento de los pueblos soberanos. Entre una revolución, un levantamiento popular, una asonada, un golpe de palacio o sacar el cinto las preferencias del pueblo soberano están claras: la revolución, el levantamiento, la asonada o el golpe de palacio, a saber, un lote con fluir de sangre, venganza y desestructuración de horarios. Entre un examen de conciencia y echarle la culpa a otro, no hay duda, destruir al vecino. Puede que la razón de tal proceder resida en el lado festivo implícito en todo tumulto, me estoy referiendo a la desestructuración de horarios que precede y sucede a los cambios bruscos. El 'estado de sombra' es el estado del pueblo.
El desdén del pueblo soberano es apocalíptico para aquellas protestas menudas, más individualizadas, con nombres y apellidos, pero bien traídas y mejor fundamentadas. Para ese tipo de acciones "ni agua". La nación tiene por principio inamovible desconfiar de todo aquello que es posible. Los pueblos soberanos practican la desconfianza en el esfuerzo preciso y delicado, son militantes hiperactivos en el pesimismo sobre los beneficios de las pequeñas conquistas, reactivos a los cambios posibles y ferverosos creyentes en la irreversibilidad de los estados de cosas; el pueblo soberano es adalid constante de todos los argumentos que justifican la pasividad y sumamente torticero cuando confia su suerte al ardid tramposo que le otorgue ventajas sobre su vecino.
Las iniciativas que no propendan a la putrefacción del estado de cosas, que no coadyuve a su descomposición, es permanentemente rechazada por los pueblos soberanos y de los nervios. El pueblo no soporta la reflexión, la maduración intelectual, los pequeños cambios, el pueblo nada más aspira a atosigar la historia con su sudor, ventosidades y detritus, con los fluidos que le recorren y le cansan.
¡Ojo con el pueblo!, ¡ojo con los pueblos y sus poetas, dentro de sus territorios, que se autoproclaman soberanos! Han convertido la historia en una ciénaga de calamidades. Su pétrea tendencia a contratar gestas heróicas y desdeñar las pequeñas conquistas, espeluzna.
La ceguera de las naciones, continuamente fundamentalistas e incivilizadas, su fe en la irreversibilidad de todo lo que emana de cualquier forma de poder y su indecente creencia de que una excepción es posible con su caso, son los verdaderos culpables de su secular, pero querida irresolución, y su indisimulada fascinación por el nepotismo y la pereza moral. ¿Qué hacer, entonces, ante tanta evidencia? ¿Es qué nunca es suficiente para escindir de una vez por todas persona y territorio, cual felino, para arrumbar el macabro y necio concepto de nación y expulsar del derecho y de la moral pública esa catastrofe de la razón, a saber, el deprimente 'pueblo soberano'?. ¿Puede el pueblo soberano producir cosa distinta a una risa nerviosa y espantada?. ¿Qué es ese trasunto de pueblo dentro de un territorio que por arte de birlibirloque, asuntos de poetas, se convierte en una esencia, en una cultura, abarrotada de modismos elevados a esencia trascendente y eterna? ¿Qué jamelgo es ese? ¿Por qué diantres no dejamos al pueblo en su territorio de una manera normal, funcional, con todos sus modismos y manías (la cultura) sin alharacas y trascendencias gratuitas?. ¿Qué hacer cuando el cuerpo legal de un grupo humano está fundamentado en una exageración, en un lodazal de soberbia, el pueblo soberano?
Lo anteriormente descrito también es el pueblo y conviene tenerlo en altísima consideración. Si es cierto que debemos protegernos de las élites sin pueblo y precavernos de las élites del pueblo, también lo es, con más motivo, que debemos protegernos del propio pueblo?. ¿En quién creer entonces?. En el pueblo.
Sí, en el pueblo, pero en el pueblo que apuesta por el sentido común, lo cuida y se organiza para que aflore. Un sentido común que sabemos no se deja apresar, es escurridizo y en continuo movimiento.
-------------- Texto:Hermógenes Lailo Fotografía:Francis Bacon (Autorretrato) Hermógenes Lailo (León 1932) Hermógenes Lailo fue dependiente de unos conocidos almacenes leoneses, ya retirado. Su gusto por las matemáticas y la ciencia en general le ha llevado a la elaboración de numerosos ensayos de interés social, que por su heterodoxia nunca han podido ver la luz. El Púgil intentará rescatar poco a poco el manojo de pequeños ensayos que creemos mejor han resistido el paso del tiempo. El presente ensayo, que reproducimos íntegramente, fue escrito en abril de 1980.
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